Sólo para ELLE – Ana Obregón: «Mi hijo me enseñó a querer y cómo querer»

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 Texto – Redacción-Hearst. Fotos – Hearst.

A falta de pocos días para que dé las campanadas en La 1 junto a Anne Igartiburu, Ana Obregón (Madrid, 1955) protagoniza una impactante entrevista en ELLE, en la que habla sin tapujos de la muerte de su hijo, Aless Lequio, que falleció a los 27 años de edad víctima de un cáncer. «Su ejemplo hace que yo luche a diario para encontrar un motivo por el que volver a vivir sin él», explica durante su conmovedor encuentro con la cabecera.

La actriz y presentadora, que también ha perdido recientemente a su madre, se encuentra volcada en el cuidado de su padre y en su trabajo al frente de la fundación que lleva el nombre de su hijo, dedicada a apoyar a los enfermos de cáncer y a sus familias. Asegura que el trabajo es su vía para abstraerse de una realidad marcada por el sufrimiento. En este sentido, señala que ya no es la Ana Obregón de antes cuando se pone frente a la cámara («la de ahora es mucho más profunda y comunicativa») y confiesa que leer libros relacionados con la muerte y meditar la ayudan a encontrar la calma.      

EXTRACTOS DE LA ENTREVISTA 

  • «El día que nos comunicaron que estaba enfermo, entró en mi habitación y me preguntó: “Mamá, ¿me voy a morir?”. Le juré por mi vida que iba a salvarse. Y no pude cumplirlo. Es algo que no me perdono».
  • «Somos el país que menos dinero invierte en esto porque se trata de un problema que no afecta directamente a la economía: ojalá se destinara al cáncer la misma cantidad de euros que a la vacuna del covid».
  • «Aless me enseñó a querer y cómo querer. Siempre insistía en que lo importante era estar con la gente que quieres, el tiempo que le dedicas».
  • « Yo no quiero buscar ayuda externa ni tampoco tomar pastillas. Tengo que hacerlo sola y exteriorizar los sentimientos. Mi dolor es su dolor, él quería vivir. La tristeza me une a mi hijo, es lo que me sale. El día que Aless se fue, me morí».
  • «He añadido el blanco a mi armario, pero he estado un año y medio de negro, pues, si mi corazón está de luto, no puedo ponerme otros colores. Sé que volveré a brillar, aunque ahora esté apagada».
  • «Cuando el dolor me muerde, tengo que escribir y compartirlo. Mi cuenta de Instagram es la de un corazón desangrándose, sin Photoshop ni retoques. Recibo tanto cariño a cambio que me acaricia el alma».

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