Texto – Redacción. Fotografías – Rocío Ramos.
Monica Bellucci ha ganado la batalla más difícil: la de la autenticidad frente al espejo. A sus 61 años, se convierte en la espectacular portada de octubre de Harper’s BAZAAR y demuestra que ha sustituido la urgencia de los veintitantos por una serena madurez, reivindicando el derecho de las mujeres adultas a ocupar el centro del relato: «Hay que acumular cicatrices y experiencia. Los cuerpos cambian con el tiempo, pero lo verdaderamente importante es cómo cambiamos por dentro. Eso se transmite en la pantalla cuando la cámara se enciende; puedes dar vida a matices del mundo que antes ni siquiera intuías. Los actores necesitamos reinventarnos ante nuestros propios ojos, no podemos quedarnos estancados. Sería absurdo que intentara hacer hoy los mismos papeles que hice en ‘Malèna’, ‘Irreversible’ o ‘La pasión de Cristo’. Llega un momento en que necesitas explorar zonas alejadas de la pura estética. En ‘Seven Dogs’ juego a ser una mujer muy glamurosa porque el género lo pide, pero en ‘Histoires de la nuit’ el propio físico cansado es una herramienta narrativa, y eso es un regalo para cualquier intérprete», confiesa.

Sin embargo, en una industria tan obsesionada con la juventud ‘artificial’, aceptar ese proceso no siempre es fácil. Pero la actriz admite que «no hay otra alternativa real: o envejeces y aceptas el proceso con dignidad, o te mueres. Mirándolo así, prefiero mil veces envejecer –risas–. Envejecer significa que tienes la fortuna de seguir viva y tener un horizonte. Además, la madurez trae consigo un regalo maravilloso: el desapego. A veces, al cumplir años, dejas de ser sólo actriz y te conviertes en espectadora del mundo, lo que te hace ver todo desde otro punto de vista».
Además, durante su entrevista en Harper’s BAZAAR, reflexiona sobre cómo está cambiando la industria su relación con las actrices maduras: «En el pasado, era casi imposible que las actrices tuvieran una trayectoria a partir de los 40 años. Ahora vivo en Francia y veo a referentes como Catherine Deneuve, Isabelle Huppert o Fanny Ardant, mujeres extraordinarias que no han dejado de rodar, protagonizar portadas y liderar campañas con una autoridad indiscutible. Se entiende que una mujer madura tiene historias fascinantes que contar y el público demanda ver esas realidades en la gran pantalla».
Catalogada como un icono de belleza, Monica Bellucci explica qué significa exactamente para ella ‘sentirse bella’ en este momento de su vida: «Eso va más allá de lo que la gente perciba; lo importante es lo que una siente por dentro. Creo que se trata de tener una vida interior enriquecedora, una pasión que te anime, ver crecer a tus hijos, contemplar el mar, tener amigos, una familia a la que amas… una vida de mujer plena. Buscas mantenerte viva y eso hace que percibas las cosas con una intensidad que de joven no tienes, porque das todo por sentado: no piensas en el dolor físico, la vulnerabilidad ni la muerte. Cuando los años pasan, la perspectiva cambia. Te despiertas por la mañana y tener salud o disfrutar del aroma de un café se convierte en un motivo de gratitud. Pero eso sólo se comprende con el tiempo».

Sobre cómo se gestiona la frontera entre la persona real y el mito para una mujer que ha vivido bajo el escrutinio público, la actriz se sincera: «Para mí ha sido una elección de vida fundamental: mantener una distancia nítida entre mi imagen pública y mi vida privada. Disfruto de la exposición cuando toca promocionar una película o atender a los medios, pero en cuanto el trabajo termina, exijo el derecho a retirarme a la sombra, a proteger mi ‘jardín secreto’. Cuando permites que la imagen comercial y la vida íntima se fusionen, corres el riesgo de perder el equilibrio mental. Es un juego muy peligroso si no sabes trazar esa línea divisoria» concluye.
La entrevista completa en el número de octubre de Harper’s BAZAAR, ya en quioscos, y aquí.
EXTRACTOS DE LA ENTREVISTA
- «Hace poco vi una película española que me pareció sublime: El ser querido, protagonizada por Victoria Luengo y Javier Bardem, ¡qué grandes actores! El director y ellos hacen un trabajo magnífico, un ejemplo perfecto de cómo el cine actual puede conmover tocando las fibras de nuestra época».
- «Somos capaces de desarrollar inteligencias artificiales y herramientas científicas asombrosas, pero, al mismo tiempo, en el plano humanitario parecemos estancados en la Edad Media. Ese contraste es doloroso. Las crisis migratorias evidencian la enorme desigualdad económica y social entre países, y nos apelan a todos como seres humanos. Tenemos la responsabilidad moral de buscar un equilibrio global que permita a la gente vivir con dignidad en sus lugares de origen. La única herramienta a largo plazo es la educación; debemos invertir en ella para que las próximas generaciones no nos lleven hacia la autodestrucción».

- «Es difícil emitir un juicio sobre una misma; no somos completamente conscientes de quiénes somos y creo que es mejor así. Digamos que siempre somos un trabajo en curso, un devenir. Empezamos a comprendernos a través del camino recorrido y las decisiones tomadas, pero nunca se deja de aprender. La vida es una transformación perpetua. Eso sí, estoy orgullosa de mí y de ser mujer, pues la feminidad es la fuerza de la humanidad».
- «Lo peor que te puede pasar a los 20 años es mirar la vida con los ojos de una mujer adulta. Lo más hermoso de esa edad es mirar el mundo con los ojos de la inocencia, con esa apertura mental ante lo desconocido que te empuja a tomar decisiones valientes, arriesgadas y a veces inconscientes. Cosas que jamás harías cuando eres mayor porque ya conoces las consecuencias. El valor de la juventud reside en su bendita ignorancia. Tener la mente de un anciano a los 20 años sería monstruoso».

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