Entrevista a los directores de ‘Nueve Sevillas’: ‘Que sale Rosalía’

Texto Pollyana Hernández. Fotos: Suria Comunicación y Pollyana Hernández. Entrevista realizada en el Hotel Regina. Barcelona. 05/nov/21

Vienen de festivales de cine y continúan en festivales de cine. En Barcelona estuvieron en el IN-EDIT, (Festival Internacional de Cine Documental); y ya planean ir a más festivales. Pedro G. Romero y Gonzalo García Pelayo codirigen el largometraje ‘Nueve Sevillas’, un homenaje al Flamenco en Sevilla. Con base en el cartel que Pedro creó para la Bienal de Flamenco, ambos directores confiesan que no se esperaban todo lo que está provocando este largometraje con 9 figuras del Flamenco. Nos adentramos un poco en conversación con ellos dos, quienes juntos hacen una excelente mancuerna, no sólo en el cine, sino a la hora de charlar amenamente.

Los dos directores de ‘Nueve Sevillas’ juntos ©Pollyana Hernández

¿Sabéis cuántos premios lleváis con ‘Nueve Sevillas’?

Pedro (P): Dos.

¿Cuál y cuál?

P: El del Festival de Cine de Sevilla y…

Gonzalo (G): Y el del Festival ‘IndieLisboa’.

¿La película ha estado en otros festivales?

P: Ha estado en varios festivales muy dispares y diversos. Desde Corea, hasta Vancouver.

¿Y cómo está siendo esta experiencia por los festivales?

P: La pandemia y nuestros calendarios nos impide viajar a muchos de ellos. Pero yo no me esperaba tener estos premios a estas alturas, por más que pareciera que la película los merecía. Pero está siendo una experiencia bastante potente con el público. Hay como un feedback con la película, muchas veces me da coraje porque la gente dice que le gusta mucho como con sorpresa. Como si nosotros quisiéramos hacer algo malo para ellos, (risas), yo siempre les juro que nuestra intención era hacer una película que les gustara. Entonces cuando les gusta me dicen: tío, que me ha parecido muy buena la película. -Sí, hombre, pues menos mal, (risas) no queríamos hacértela mala pa’ti (más risas). Pero sí, estamos disfrutando de todo eso. Yo por lo menos sí.

¿Y tu, Gonzalo?

G: Mi concepción es muy característica, por ejemplo me ilusiona mucho que el largometraje vaya al Festival Internacional de Cine de Buenos Aires (BUEIFF), y que ahí lo vea un programador de Massachusetts y se lo lleve también al Festival de Massachusetts. Es decir, ha tenido bastante recorrido en festivales, desgraciadamente por las circunstancias sanitarias no hemos podido asistir a ninguno, excepto a Lisboa por cercanía y porque tenemos condiciones my parecidas. Pero yo creo que todavía habrá más festivales. También hemos estado en Barcelona con el IN-EDIT, estuvimos en Pamplona también. O sea, en festivales dentro de la península ibérica sí que hemos estado. Y yo creo que seguirá teniendo desarrollo en más sitios. Ya estuvo también en Stuttgart y Pedro pudo estar también. Internacionalmente creo que tendrá más desarrollo porque el Flamenco ahora mismo es una de las artes populares que tiene mayor desarrollo en el mundo entero. El reconocimiento como Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad que le dieron hace algunos años (en 2010); creo que está cuajando realmente. Y la gente siente que es patrimonio suyo y en el mundo entero se va entendiendo el Flamenco cada vez mejor y eso es un avance extraordinario.

Pedro G. Romero ©Pollyana Hernández

Definidme en pocas palabras que es para cada uno de vosotros ‘Nueve Sevillas’.

P: A ver en cuántas pocas palabras.

Poquísimas.

P: Porque la película dura 2 horas y media. Y no somos de pocas palabras (risas). Yo creo que es un inmejorable retrato en el siglo XXI de Sevilla y el Flamenco y el Flamenco y Sevilla.

G: Para mi las palabras clave serían Sevilla, Flamenco, Intuición e Instinto. Los elementos que yo creo que conforman la película estarían basados en estas 4 palabras. Intuición e instinto tienen mucho parecido, pero no son exactamente lo mismo. La intuición está más en la cabeza y el instinto está más en el vientre.

Yo soy una posible espectadora, ¿qué me decís para que vaya a verla?

P: Que sale Rosalía (carcajadas).

¿Y tu, Gonzalo?

G: Que sale Rosalía, (risas).

¿Sí, los dos coincidís? (risas).

G: Bueno, eso era un poco de broma (ríe), es muy importante que salga Rosalía, por supuesto, pero yo creo que fundamentalmente es entrar en un mundo de una cultura que ya está absolutamente aceptada. Que no estamos haciendo nada contra cultural, porque antes comentaba la elección del Flamenco como Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad hace unos años. Y si no ves este mundo (refiriéndose al film), te estás perdiendo muchas cosas que creo que merecen la pena que conozcas. Y la película te desmenuza muy bien lo que son las emociones, directo alas emociones, nada dirigido a la intelectualidad o ala cabeza, sino a la parte emocional que tiene todo ser humano. Y verás como si aquello te emociona es que entiendes Flamenco y está rodada en una ciudad como Sevilla que va muy paralela al Flamenco en esta película.

Gonzalo Garcia Pelayo ©Pollyana Hernández

Y la siguiente pregunta va por ese mismo camino: ¿hay mucha pasión en vuestro largometraje documental?

P: Bien, yo espero que haya mucha pasión hasta cuando estaba comiendo hace rato en un mexicano. (risas).

¿Cómo has dicho? (risas).

P: Que la pasión es una condición del interés por el vivir. Muchas veces se cree que la pasión es como matar a alguien por amor. Y no es solo eso. La pasión es una manera de tomarse la vida, de entender la alegría que hay en estar vivo. Y en ese sentido, eso está en la película. Yo vivo en Sevilla voluntariamente porque es una ciudad en la que estuve y en la que vi que me interesaba mucho entender; y entender cómo vive. Y esa alegría de vivir que tiene la ciudad está en la película. O espero que esté en la película. Creo que hasta en los momentos más dramáticos como cuando Rudolph Rostas, que es un gitano húngaro que vive en Sevilla, recuerda el holocausto y hace una evocación terrible, como no puede ser de otra manera, de lo que fue el exterminio por los nazis de los gitanos, hay algo que todo el rato rezuma vida en ese canto suyo bajo el árbol. Parece como que el árbol de alguna manera seguirá siendo fértil gracias a los muertos y que eso lo sabemos los que estamos vivos.

¿Coincides, Gonzalo?

G: La película tiene momentos de clara emoción. A mi me comenta la gente que le llega la emoción hasta las lágrimas. Si conseguimos eso, si realmente la gente nos reacciona diciendo que la película le emociona, estamos consiguiendo perfectamente, el tener la pasión a la que te referías. Porque el objetivo del arte, en mi opinión, siempre, sobre todo en el cine, es transmitir ideas y transmitir emoción. Creo que la película tiene ambas cosas, pero lo que es seguro es provocar una emoción que llegue hasta las lágrimas a muchas de las personas que hayan visto ‘Nueve Sevillas’.

©Pollyana Hernández

Y también tiene algunos tintes de sexo.

P: Menos de lo que (carcajadas) habitualmente tiene el cine de Gonzalo. Pero era algo que tiene que ver con Sevilla. Le pasa lo mismo que a Palencia o a Zamora, tiene el mismo sexo que ellas. Pero como símbolo Sevilla es una ciudad que ha construido su imaginario con una gran potencia sexual. Y una de las cosas que nos preguntábamos en tiempo del me tu y en tiempo de la cultura de la cancelación, era qué pasaba con ese deseo sexual desatado que ha significado Sevilla, en el imaginario cultural del mundo, qué pasaba si lo podíamos traer de alguna manera. Creo que la película, en el hecho de preguntárnoslo solucionamos la posible respuesta y damos esa respuesta a la altura de la complejidad de nuestro presente. No podemos negar que Carmen, La Melitona, Conchita, son símbolos culturales que tienen que ver con el exceso de lo sexual, que han construido el imaginario de Sevilla. Y traerlos hoy día tal cual podría parecer una cosa fuera de lugar. Pero creo que la película consigue una herramienta para tenerlos presentes, a la vez criticarlos y a la vez recuperar la potencia que allí había.

G: Quizás el momento más erótico de la película sería el momento en el que deseamos rodar una escena que no hemos hecho. Que es una torera desnuda a la que le pasa un toro por delante de su vientre, como queriéndola empitonar. Y eso no lo hicimos porque realmente en los tiempos que corremos ni era conveniente, ni era fácil tampoco poder tener ese momento. Pero bueno, lo comentamos y expresamos; y en la película no es solo la realidad, sino también el deseo. Y la película sí expresó ese deseo.

©Pollyana Hernández

¿La esencia del Flamenco incluye a los toros sí o sí?

P: Sí. La cultura del Flamenco se construye históricamente con la afición que comparten los toreros, el mundo del toro; y lo que canta y baila esa afición acabó constituyendo el Flamenco. Muchísimos eran gitanos, porque estaban ligados al comercio de la carne, a los trabajos del campo cercanos a la ganadería, ligados incluso a jugarse la vida como toreros de a pie porque era gente que no tenía dinero, que tenía que buscarse esas oportunidades. Y esa afición que se construyó primero es igual: la afición Flamenco significa lo mismo para la afición del toro como para la afición del cante y el baile. Es más, primero es la afición del toro. Esa era la significativa. Los héroes de los primeros flamencos no eran ni Silverio Franconetti, ni Chacón. Los héroes eran Lagartijo, Belmonte, Pedro Romero, Pepe Illo, es decir, eran toreros.

G: A mi me parece fascinante la imagen que siempre me contaban, yo no se si sea completamente verdad, de Curro Romero después de una gran faena, salir y verlo por las noches en un tablao tocándole las palmas a Camarón. Ha habido momentos en los que el cantaor le ha cantado en el mismo ruedo al torero. En esa fusión y en esa hermandad de las dos artes, yo creo que, si hay un mundo y una estética de lo Flamenco, los toros participan plenamente de ello. Y, si hay una estética de la Tauromaquia, el Flamenco participa perfectamente también de esa misma estética.

©Pollyana Hernández

¿Fue difícil la selección de las nueve figuras?

P: Es que venía dada por un cartel, el que hice para la Bienal de Sevilla que tenía esas nueve figuras. Y para mi muchos son gente con los que yo he trabajado y vivido Sevilla. Y quizás en alguno de los casos buscaba quién podía ocupar los espacios que me faltaba por llenar, pero dificultad no sería la palabra que yo utilizaría.

¿O sea que estaban en tu cartel y los trasladaste?

P: Exacto. Son literalmente los nueve que estaban en el cartel. Y por eso la película tiene nueve bloques y dos horas y media. Tiene que ver con el número que es una cosa muy importante para la película, para Sevilla y para el Flamenco; el número como un entendimiento de la cosa, del tiempo y del espacio.

Una película que ya has comentado que es larga, pero el tiempo pasa volando cuando la ves, ¿cómo se consigue eso?

P: Eso es lo que digo yo, que el tiempo pasa volando (risas).

G: Yo creo que una de las cualidades de la película más clara es el montaje. La película adquiere mucha densidad: en todo momento tu tienes varios planos de atención a diferentes cosas. Tienes una densidad producida por el montaje a partir de los elementos que se han metido en el rodaje. Pero eso es algo muy del cine actual. Sería difícil en el cine del año 50 o 60 tener esa densidad. Ahora mismo se es capaz de hablar de tres o cuatro cosas al mismo tiempo y la película tiene eso. No es que tengamos carreras de coche, ni persecuciones de indios a caballo que hacen entretenida la película; pero el público que se entrega a la película tiene tantas cosas qué mirar, pensar y sentir que, no es que la película se haga corta, pero en tu interior de alguna manera has vivido un viaje que, efectivamente, cuando llegas dices ‘pues tampoco ha sido tanto tiempo’; porque ha estado muy embebido en ella. La película tiene un cierto sentido hipnótico. La gente se queda un poco como, no deslumbrada en el sentido de decir ‘qué maravilla’, sino como que pierde un poco su propia identidad mezclándose con la película y no sabe encontrarse exactamente dónde está en relación a esta; pero hay que entregarse a ella, como prácticamente pediría cualquier director con cualquier film.

Gonzalo Garcia Pelayo enviando un saludo a Barnafotopress e invitando a ver ‘Nueve Sevillas’ ©Pollyana Hernández

¿Vuestro largometraje tiene un objetivo concreto?

P: Aparte de hacer una buena película y de contar Sevilla y contar el Flamenco… -Que ya es bastante, (risas) …y de hacer la mejor película del siglo XX que se ha hecho en Sevilla… -Ah ¿sí? aparte de todo ese grandísimo objetivo… (risas) -¿Pero era el objetivo? …no había ningún objetivo previo… -Ah. …pero ya puestos, para qué vamos a hacer una cosa mal, no? (risas mutuas). Mi leyenda favorita es lo que decía Sanchez Ferlosio ‘Tocar las castañuelas no tienen ningún valor en verdad, pero una vez que las tocas es mejor tocarlas bien que mal’; pues un poco cuando haces una película o un café para los amigos, ¿no es mejor hacerlo bien que mal? Pues eso es lo que ‘Nueve Sevillas’ también es (risas).

G: Yo creo que la película tiene muchos elementos que se superponen y que están perfectamente medidos, desde el guión hasta la fase de montaje en la postproducción. El objetivo es que la película sea densa; llena de impactos para un espectador entregado. Que le golpee la cabeza, el pecho y el vientre; y el bajo vientre si es posible, si es que nos lo permite el árbitro del boxeo, que ahí está prohibido golpear. Entonces, si golpeamos todos esos sitios y se siente el golpe, evidentemente estamos consiguiendo el objetivo, que es mover toda la capacidad personal del espectador. Desde su intelecto hasta sus más teóricas bajas pasiones.

Pedro G. Romero enviando un saludo a Barnafotopress e invitando a ver ‘Nueve Sevillas’ ©Pollyana Hernández

¿Es lo mismo ‘Sevilla es igual a Flamenco’ que ‘Flamenco es igual a Sevilla?

P: Mmmm, bueno, no, no es lo mismo exactamente (risas). Una llevaría barrado el igual. Esta película utiliza Sevilla para contar el Flamenco y al Flamenco para contar Sevilla. Pero el campo de la película es el Flamenco. Debe de haber otra Sevilla que odie el Flamenco y se vaya a Inglaterra como blanco guay a vivir fuera lejos de los Sevillanos. O como Machado que era muy Flamenco pero que decía ‘Qué bonita Sevilla sin sevillanos’. En fin, no podemos decir que hay una entidad del Flamenco con Sevilla, ni yo creo exactamente que haya una identidad del Flamenco, ni con lo andaluz, ni con lo español. Es decir, el Flamenco es un arte que ha estado en Madrid, en Barcelona. Son tan condicionantes para el Flamenco los viajeros franceses del siglo XIX, como los señoritos andaluces del mismo siglo. En realidad no buscamos la equivalencia del Flamenco y Sevilla, pero también es verdad que cuando haces una película musical en Sevilla es más fácil encontrarte a Chano Lobato por la calle que a Lou Reed. Este último en Sevilla es más difícil encontrártelo, (risas). Se que hay mucha gente que está empeñada en haber si alguna vez aparece Lou Reed por Sevilla aunque ya se haya muerto. Pero era mucho más fácil encontrarse artistas de su misma altura, como puede ser Chano Lobato en este caso.

Cartel de ‘Nueve Sevillas’ ©Suria Comunicación

¿Tu, qué opinas, Gonzalo?

G: Yo te lo diría en porcentaje. O sea, Sevilla no es 100% Flamenco y el Flamenco no es 100% Sevilla. Pero si pueden ser ambos casos un 40%. Es decir, para Sevilla el Flamenco puede ser un 40% de su personalidad; hay un 60% que es mayor que ese 40% que no está basado en el Flamenco, que está basado en otras circunstancias y cosas, como también Pedro comentaba. Y viceversa en el Flamenco, este se manifiesta de una manera potente, quizá el sitio donde más se pueda manifestar sea Sevilla, pero se manifiesta también, como también Pedro ha dicho, en otros muchos sitios. En el entorno de Andalucía, como Cádiz, Lebrija, Utrera, Jerez, por supuesto; pero también fuera de Andalucía, en Madrid, en Barcelona; en toda Cataluña en general tenéis mucho ambiente flamenco. Ahora mismo ya en Francia también tiene mucha importancia. La ha tenido en Portugal y ahora como comentábamos antes, se está expandiendo por el mundo entero después de ser declarado Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Con lo cual ya es mucho si Sevilla representa un 40% del acervo del Flamenco mundial. Le queda un 60% para todo el resto de territorios que son muchos.

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