“Pescar en las nubes” -Editorial Planeta-, primera novela de Mikel Izal. vocalista y compositor del grupo IZAL

Texto – Redacción-Prensa Planeta. Foto – Prensa Planeta. 

La novela, revestida de thriller, bucea en los recovecos del ser humano, su luz y su oscuridad, sus secretos, sus recuerdos, sus obsesiones… Si al final el viaje es lo único que importa, este es uno emocional.

Sin título-1 copia.jpgUna historia intensa y cautivadora

Eric llega en pleno invierno a la isla donde tantas veces había veraneado con Claudia, dispuesto a enfrentarse voluntariamente a una interminable rutina de días grises. Mía, la chica encargada de la limpieza de los bungalós donde se aloja, le pide ayuda para tratar a Julio, un hombre al que la muchacha lleva buscando toda su vida, de una aparente demencia que le impide recordar su pasado.

La peculiar relación que Eric establecerá con Julio supondrá para Eric la posibilidad de reconciliarse consigo mismo y, a la vez, descubrir los secretos que esconde el anciano.

Un estilo narrativo extremadamente personal

Mikel Izal juega desde hace años con las palabras, y aunque muchos de sus seguidores encontrarán elementos reconocibles presentes desde hace mucho en sus canciones, también darán con otros que les sorprenderán.

En su prosa y en sus letras hay cierta mezcla de realidad y surrealismo. De cotidianeidad y ensoñación. Con apenas un puñado de palabras descriptivas logra crear atmósferas que son personajes en sí mismas, llenas de luz o de angustia, que contextualizan de forma detallada cada pieza de la acción.

Lo mismo sucede con los personajes y lo que realmente importa en este libro: sus emociones, sus mentes, sus ansias, sus secretos, sus grandezas y miserias.

El autor

Sin título-2 copia.jpg«Mis padres me llamaron Mikel. Luego empezó a hacerlo todo el mundo. Nací el 3 de junio de 1982 en Pamplona, ciudad a la que además de mi primera luz debo también todo mi árbol genealógico. Me crie en Vitoria, a la que debo primeras amistades, educación preuniversitaria y algunos amores torpes pero sinceros. En Bilbao, ciudad con la que también contraje deudas de amistad eterna, estudié una ingeniería de Telecomunicaciones, paso lógico en un camino que quizá nadie me había marcado pero que yo seguía a rajatabla. Ya en Madrid y tras cuatro años de oficina y rutinas de hombre recto, llega el milagro, o la reacción, y el título universitario queda en desuso en detrimento de la música y más tarde también de la literatura, que a día de hoy alimentan mi alma y, para tranquilidad de mis padres, pagan mis facturas.

Poco más que decir. Me gustan los canelones de mi madre, el orgullo de mi padre –que mi madre esconde mejor– cuando me ve en el escenario o firmando libros, la paciencia de mi hermana con su hermano de hielo y la poca importancia que los que me quieren otorgan a todo lo extraordinario que me ha ocurrido en estos últimos años.»

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