Michael Ironside, el retorno de un mito del fantástico en Sitges

Texto – Redacción. Fotografías – Santi Martínez Sancho.

Si hay un enemigo que ha sido capaz de robarle el protagonismo al héroe, es el Darryl Revok de Scanners. La película, que se ha proyectado en versión restaurada dentro de la sección Sitges Clàssics, ha dejado para el recuerdo la gran interpretación de Michael Ironside, el actor canadiense que también rivalizó con Arnold Schwarzenegger en Desafío total interpretando a Richter, su despiadado perseguidor. Michaeml que ya visito el Festival de Sitges hace unos años, ha vuelto de nuevo a uno de sus festivales favoritos.

©Santi Martinez Sancho @martin0021kt

Sin embargo, el encuentro con Ironside, celebrado el primer sábado del Festival, ha girado en torno a la mente entendida como la última frontera del cuerpo. El director de programación Xavi Sánchez Pons ha creado un clima de confianza en el que el actor ha podido expresarse cómodamente. Al preguntarle si creía en los poderes mentales, ha respondido que sí y ha añadido que sus hermanas han demostrado «ciertas facultades telepáticas».

También ha confesado que su primera intención en el mundo del cine era dedicarse a la escritura y la dirección, pero que, durante su juventud en Canadá, asistió a clases de interpretación y formó parte de un colectivo artístico con el que empezó a crecer como actor.

©Santi Martinez Sancho @martin0021kt

Sobre la mítica Scanners, dirigida por David Cronenberg, Ironside ha confesado que la escena en blanco y negro en la que descubrimos el pasado de Revok —internado en un centro psiquiátrico y con una cicatriz en la frente— formaba parte de un proceso de audición, aunque Cronenberg lo recuerda de otra manera. En cuanto a la construcción del cruel personaje, el actor ha añadido que se inspiró en «los punks ingleses de finales de los setenta». También ha recordado la presencia del responsable de efectos especiales Dick Smith en el rodaje y cómo trasladó al set de Scanners la tecnología que había utilizado anteriormente en Un viaje alucinante, de Ken Russell, para generar la sensación de que la piel del rostro se hinchaba a causa de un ataque telequinético.

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