Texto – Redacción. Fotos: Fernando Roi/Estilismo: Jesús Cicero.
Con motivo del lanzamiento ‘El cuatro’ el próximo 18 de septiembre, Pablo López se abre en exclusiva en Esquire y muestra un Pablo más adulto, más maduro, cuyos miedos y obsesiones han cambiado. De todo esto, de su historia de amor con el piano, de los momentos de oscuridad vividos y de la necesidad de no perder de vista el suelo, habla en la profunda entrevista que publica Esquire (en papel y www.esquire.es): «Durante estos seis años me han pasado muchas cosas. Técnicamente, este sería mi sexto disco, porque en este tiempo nada más y nada menos que un señor llamado Raphael me pidió que le hiciera un álbum entero. Lo produje y me pasé dos años dando vueltas por el mundo con él. Y ese acto de concentración absoluta ante una montaña tan grande quizá me dejó un tiempo seco a mí».

El cantante, protagonista también de la nueva portada digital de Esquire, da un paso adelante en esta nueva etapa y habla como nunca de una época de oscuridad que vivió y que inspiró una de las canciones del disco: «Esto no lo he contado nunca, pero hubo un momento en el que tocaba y viajaba muchísimo, como ahora en realidad… Entonces no me di cuenta de lo que me estaba pasando, pero caí en un boquete y estuve un poco… vamos a llamarlo triste. Así que yo hice un paralelismo de esta historia con mi experiencia en la oscuridad. No por miedo al fantasma, sino porque a menudo no se puede contar y es difícil salir indemne; otros no lo han conseguido. Yo, por suerte, tengo un horizonte hermoso por delante, pero sé que me salvé de chiripa. Hibakusha es el paralelismo de sobrevivir a la soledad y al silencio», confiesa.
Sobre el momento vital en el que se encuentra en este momento, Pablo López admite: «Estoy feliz ante los retos de la vida. En primer lugar, ante el reto que ha de ser estar tan feliz. Porque a veces aparece una especie de síndrome de Estocolmo y temes que la tristeza vuelva a visitarte. Ahora tengo el reto de cuidar muchísimo a las personas que me rodean, de cuidarme a mí y, sobre todo, de no perder el enfoque normal del suelo, de mi madre regañándome, del puchero, de un partido de fútbol o de enfadarme con un amigo. Eso es importantísimo».

La entrevista completa, aquí.
EXTRACTOS DE LA ENTREVISTA
- «Cuando escribo canciones nuevas, tengo la sensación de que se asoman El patio, Tu enemigo y las demás y se ríen de mí, como diciendo: “¡Vaya mierda que estás haciendo!”. Y eso lo retrasó todo un poco. Uno comete el error, no de autocopiarse, sino de autotemerse, porque las canciones ya no son tuyas, son de la gente, y uno siempre empieza desde la casilla cero. Así que he tardado tanto, en parte precisamente, por respeto a quienes me escuchan».
- «Siempre he sido un niño viejo. Aprendí a leer muy pronto con los periódicos que había en el bar al que iba con mis abuelos. Ellos me criaron y yo estaba allí mientras jugaban al dominó y hablaban del reúma. Así que quería ser como ellos; quería tener hasta reúma [risas]. Siempre he tenido la suerte de juntarme con personas que me han enseñado mucho».
- «Cuando parece que todo está bien, tienes la nevera llena, conoces a mucha gente, repartes caramelos, abrazas y besas, ni tú mismo te permites estar mal. Te dices que eres idiota. Y los demás tampoco te lo permiten: “Hombre, fíjate en todo lo que tienes”. Pero no, señor. Esa bruja no va vestida ni es fea. Te seduce y es peligroso caer en sus redes».

- «Todos los que pertenecemos a esta forma de hacer música, aunque después tengamos referencias dispares, tenemos la libertad y el camino marcado por Alejandro Sanz. No porque nos parezcamos a él en la forma de escribir o componer, sino porque somos de una generación entera que vio a un tío de un barrio de Madrid escribir de una manera completamente libre y disparatada. Él coge lo que sea y te hace un arroz impresionante. Imaginario, aunque del de verdad también, pero hace mejores las canciones. Y ese camino, es el que todos quisimos para nosotros. Alejandro abrió el camino a una nueva forma de comunicarse con la gente».
- «La última gran alegría que he tenido fue el domingo 19 de julio, cuando marcó Ferran Torres. Al día siguiente parecíamos todos más altos, más guapos, más conscientes del país tan hermoso en el que vivimos. Porque he viajado mucho por suerte y he conocido grandes lugares, pero hay mucho que ver aquí, mucha variedad, hay armonía… Eso es hermoso y hay que celebrarlo, al menos una vez cada cuatro años».

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