El misterio viste de rojo en «Mother Mary».

Texto – Crítica de cine de Luisa Scarlata

David Lowery rompe las reglas con un drama tan fascinante como divisivo.

Con ‘Mother Mary’, David Lowery firma una de las propuestas más personales, arriesgadas y fascinantes de su filmografía. El director construye un drama psicológico con alma de cuento contemporáneo, donde la música, la moda y la fama se convierten en el escenario de una historia sobre la identidad, el éxito y las heridas que nunca terminan de cicatrizar.

La película está encabezada por Anne Hathaway, que ofrece una interpretación de gran intensidad como una superestrella del pop marcada por sus propios fantasmas, junto a Michaela Coel, cuya presencia aporta el contrapunto perfecto a un relato que gira en torno al reencuentro entre ambas. Visualmente, la película resulta hipnótica, con una puesta en escena elegante y una banda sonora que acompaña con acierto la dimensión emocional de la historia.

Sin embargo, Mother Mary no está exenta de altibajos. La narrativa apuesta deliberadamente por el simbolismo y el misterio, pero en ocasiones la ausencia de explicaciones termina alejando al espectador en lugar de invitarlo a reflexionar. A ello se suma una Anne Hathaway a veces instalada en un estado constante de sufrimiento y lágrimas, una elección interpretativa que acaba perdiendo fuerza por reiteración. Algunas escenas también transmiten una sensación de artificio y de dramatismo forzado, mientras que determinados conflictos parecen repetirse sin aportar una evolución clara al relato.

Pese a ello, Mother Mary sigue siendo una experiencia cinematográfica singular, más interesada en transmitir emociones y sensaciones que en ofrecer respuestas.

Una película de enorme ambición visual y artística que, aunque no siempre logra mantener el equilibrio entre forma y fondo, confirma una vez más el talento de David Lowery para crear un cine diferente, capaz de fascinar tanto como de dividir al público.

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