Texto – Crítica de cine de Luisa Scarlata. Fotografias – Eleven PR
El realismo fantástico de Bàrbara Farré: una fábula oscura y emocional que explora el miedo al abandono, la necesidad de pertenecer y el temor a ser reemplazado.

Hay películas que hablan de la adolescencia como un periodo de descubrimiento. Otras prefieren adentrarse en sus zonas más incómodas. Mala bèstia, la ópera prima de la directora catalana Bàrbara Farré, pertenece a esta segunda categoría.
La cineasta construye una historia que se mueve entre el drama fantástico y la fábula contemporánea para abordar uno de los temores más universales: el miedo a no ser elegido.
La protagonista es Atenea, una niña que vive en un internado aferrada a la idea de no crecer. Cuando una familia decide acogerla, aparece por primera vez la posibilidad de encontrar un hogar estable. Sin embargo, el temor a perder ese espacio y a ser reemplazada desencadena una espiral emocional que la empuja a cruzar límites cada vez más inquietantes.

Lejos de plantear el relato desde los códigos tradicionales del cine fantástico, Farré utiliza el género como una extensión de los sentimientos de su protagonista. La fantasía surge de los miedos, de las inseguridades y de las emociones que acompañan el tránsito entre la infancia y la adolescencia. El resultado es una película que encuentra su fuerza en la verdad emocional de los personajes y en una atmósfera que oscila constantemente entre la ternura y la amenaza.
Uno de los grandes aciertos de Mala bèstia es la interpretación de Maria Schwinning, que sostiene gran parte del peso narrativo de la película dando vida a una protagonista tan vulnerable como imprevisible. A su lado, Iria del Río y Roger Casamajor completan un reparto que aporta solidez a una historia donde los vínculos familiares ocupan un lugar central.
La película apuesta por una puesta en escena que combina luminosidad y oscuridad, reforzando los contrastes emocionales que atraviesan el relato. La fotografía de Lucas Casanovas y la música de Raül Refree contribuyen a construir un universo propio, donde la realidad cotidiana convive con una sensación permanente de inquietud.

Tras una trayectoria reconocida en el ámbito del cortometraje, el videoclip y la ficción televisiva, Bàrbara Farré da el salto al largometraje con una obra que mantiene algunas de las preocupaciones presentes en trabajos anteriores, especialmente aquellas relacionadas con el paso a la madurez y la construcción de la identidad. Sin embargo, Mala bèstia amplía ese universo desde una mirada más compleja y ambiciosa, situando el miedo al abandono en el centro de su discurso.
La película no busca ofrecer respuestas sencillas. Al contrario, invita a reflexionar sobre aquellos temores que muchas veces permanecen ocultos: la necesidad de ser aceptados, el miedo a quedarnos solos o la sensación de que nuestro lugar puede desaparecer en cualquier momento. En esa exploración encuentra su mayor virtud.
Con Mala bèstia, Bàrbara Farré firma un debut sólido y personal, una propuesta que utiliza el lenguaje de la fábula para hablar de emociones profundamente reconocibles. Una película que recuerda que, en ocasiones, las criaturas más difíciles de enfrentar no habitan en los cuentos, sino en nuestros propios miedos.

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