Malala Yousafzai, sólo para ELLE

Texto – Redacción. Fotografías – Ximena y Sergio.

Nos encontramos con la Nobel de la Paz Malala Yousafzai (Pakistán, 1997) en una parada dentro de su periplo internacional para reclamar una mayor movilización ante la situación de las mujeres y niñas afganas. La activista pakistaní, que sobrevivió al fanatismo talibán y transformó aquella herida en una voz serena, firme y universal por el derecho de las niñas a aprender, ha centrado su agenda en impulsar el reconocimiento del denominado apartheid de género como una categoría específica en el derecho internacional, con el objetivo de denunciar la exclusión de las mujeres de la vida pública bajo el régimen talibán. «Los talibanes han convertido la educación en un delito», afirma.

© Ximena y Sergio

Yousafzai, para quien el futuro de Afganistán pasa por las escuelas clandestinas, las emisoras que retransmiten clases por satélite y las mujeres que se niegan a desaparecer, nos acerca a una realidad marcada por las prohibiciones impuestas por las autoridades. «Me dijeron que seguir aprendiendo, aunque fuera en secreto, les permite imaginar un futuro diferente… Cuando pienso en las mujeres y niñas afganas, pienso en esa fortaleza silenciosa, en su capacidad para organizarse y soñar a pesar de quienes intentan borrarlas de la vida pública. Nuestra responsabilidad es acompañarlas y demostrarles que no están solas», explica, al tiempo que apela a la comunidad mundial para que no normalice la situación que atraviesan millones de afganas.

La joven denuncia la escasa respuesta global desde el regreso de los talibanes al poder. Según señaló, el principal obstáculo para que el apartheid de género sea reconocido jurídicamente es la falta de voluntad política. «Esperaba más indignación, más presión y una respuesta contundente. En cambio, hemos visto demasiado silencio. Esta forma de gobierno se basa en la exclusión sistemática de las mujeres, donde la opresión está institucionalizada y legitimada por quienes ostentan el poder. Lo más preocupante es la rapidez con la que el mundo parece haberse acostumbrado a esta realidad», asegura.

A través de Malala Fund, la organización fundada por Yousafzai y su padre, se apoyan actualmente escuelas secretas, proyectos educativos digitales y redes de profesoras que continúan impartiendo clases en la clandestinidad. Coincidiendo con la publicación de su nuevo libro, Finding My Way, la activista insiste en que lo que está en juego en Afganistán trasciende el derecho a la educación. «Si las fallamos, estaremos fallando también a nuestro compromiso con la igualdad y los derechos de las mujeres», advierte.

© Ximena y Sergio

EXTRACTOS DE LA ENTREVISTA

  • «Una niña afgana me confesó que leer un libro sola en su habitación se había convertido en su acto de resistencia».
  • «En sociedades donde el patriarcado sigue marcando la vida de muchas mujeres, contar con hombres aliados puede ser crucial».
  • «Los talibanes han convertido la educación en un delito. Han criminalizado el trabajo de las mujeres. Las acosan, las golpean, las encarcelan, las hacen desaparecer. Y cuando conoces las historias de quienes siguen resistiendo a pesar de todo eso, entiendes que ya no es posible permanecer indiferente».
  • «A menudo escucho a personas que se definen como feministas o que afirman que toda niña merece acceder a la educación, pero que guardan silencio cuando se trata de Afganistán. Evitan mirar. Y entonces me pregunto: «¿De qué sirven las palabras si no van acompañadas de acciones?»

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