Viva: la vida como efecto secundario

Clotet filma un cuerpo que ya no responde a las narrativas habituales de la superación del cáncer y de la supervivencia.

Texto – Crítica de cine de Luisa Scarlata. . Fotografías – Caramel Films.

Hay películas que hablan de la enfermedad y otras que hablan de lo que ocurre cuando la enfermedad deja de ocupar el centro del encuadre. Viva, debut en el largometraje de Aina Clotet como directora y protagonista, pertenece con decisión al segundo grupo: no le interesa tanto el dolor como la incómoda libertad que llega después.

Nora tiene cuarenta años, ha sobrevivido a un cáncer de mama y debería sentirse agradecida, estabilizada, preparada para recuperar el curso de una vida ordenada. Pero Clotet desmonta muy pronto esa expectativa tranquilizadora. Lo que aparece no es serenidad sino hambre: una necesidad feroz de experimentar, de tocar, de equivocarse, de comprobar que el cuerpo sigue siendo territorio y no únicamente memoria clínica.

Desde su primera imagen —tan física como incómoda— Viva deja claro que no busca la elegancia del melodrama ni el consuelo de la superación ejemplar. El cuerpo de Nora no es símbolo de resiliencia: es un cuerpo atravesado por el miedo, el deseo y una conciencia nueva del tiempo. Clotet filma esa transformación sin solemnidad y con una mezcla de humor, descontrol emocional y pulsión vital que convierte cada decisión de la protagonista en una forma de resistencia.

La película encuentra su mejor energía cuando acepta sus contradicciones. Nora ama y huye, busca estabilidad mientras la dinamita, persigue intensidad para no quedarse quieta frente a una pregunta mucho más difícil: qué hacer con una vida que continúa cuando una parte de ti ya había aprendido a despedirse. En ese movimiento aparece uno de los gestos más interesantes del film: entender que el miedo a morir muchas veces se parece demasiado al miedo a vivir.

Clotet sitúa además esta crisis íntima en un paisaje de calor, sequía y agotamiento ambiental. El mundo exterior parece compartir la misma sensación de urgencia que atraviesa a Nora. A veces esos paralelismos se vuelven demasiado visibles y algunos personajes secundarios quedan esbozados más que desarrollados, pero incluso en sus excesos la película conserva algo poco frecuente: la voluntad de arriesgar.

Viva no es una película sobre vencer. Es una película sobre regresar. Regresar al deseo, al cuerpo, a la incertidumbre y a esa idea incómoda de que vivir intensamente no siempre significa vivir mejor. Aina Clotet firma un debut irregular por momentos, pero lleno de una energía rara y contagiosa: la de quien entiende que después del miedo no llega necesariamente la calma; a veces llega, simplemente, el deseo de empezar otra vez.

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