TINTABLANCA BARCELONA: una invitación a la ciudad de Gaudí, a través del viaje intimista de Carlos Zanón y la lujosa frescura de las ilustraciones de Lara Costafreda

Texto – Redacción.

La editorial Tintablanca incorpora una nueva capital, concretamente Barcelona, a su cuidada colección de Libros de Viajes: la que todo viajero ávido de descubrir el mundo con una mirada artística, literaria y sorprendente desea tener en las manos.

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Este viaje fascinante a una de las ciudades indispensables no solo de España, sino de Europa y el mundo, supone un redescubrimiento gracias a la personalísima escritura del poeta y referente de la novela negra, Carlos Zanón, que ha seguido perfilando la complejidad y las contradicciones de Pepe Carvalho.

Una narración al ritmo de la exuberante frescura de las ilustraciones de Lara Costafreda, cuyo personal trazo (su particular visión de la naturaleza incluida) conocemos gracias a sus creatividades para Hermès, Chanel o Cartier. Un lujo que, con Tintablanca Barcelona entre las manos, invita a visitar esta ciudad cosmopolita que late en el Mediterráneo.

La cafetería Glaciar, de toda la vida. La librería La Central o Calders en Poble Sec, son un punto de encuentro donde descubrir libros de autores como Marsé o Vázquez Montalbán, que también pasean entre estas páginas.

thumbnail_Tintablanca Barcelona-Carlos Zanón y Lara Costafreda 2

Una Tintablanca nutrida de recuerdos de una Barcelona personal, que se entremezcla con la capital internacional forjada a golpe de historias. Como las del barrio de Horta, elegido zona de veraneo, y donde la nobleza y la burguesía echó el ancla a lo largo del XIX. Quizá un poso heredado del pasado, cuando se sucedían las villas de nobles romanos que vivían junto a sus esclavos, y cuya evolución derivó en la típica masía catalana. En los umbrales del silgo XX gozaba de muchos pozos
que contribuyeron a que las lavanderas de Horta se hicieran famosas. Tanto que, a mediados de dicho siglo, casi todas las mujeres del barrio se dedicaban a dicho menester.

Los lunes bajaban al meollo de Barcelona, donde recogían la ropa sucia de sus clientes, que devolvían el viernes. En la plaza del Rey, donde se secaban aquellos kilos de colada, queda un pedazo de aquella ciudad y, en la calle Aiguafreda, aún se conserva la estructura de las casas y la calle. Su suelo no es ni mucho menos como el del Mirador de l’Alcalde, una amalgama de cuellos, culos de botellas, clavos y filamentos de maquinaria que tambiénacusan el salitre que se cuela en el aire y que sube hasta Monjüic. Su nombre deriva, al parecer, de Mons Judaicus. Es decir, montaña judía.

Este título se suma a los anteriormente publicados: Tintablanca Madrid, Tintablanca París, Tintablanca Nueva York, Tintablanca Roma, Tintablanca Londres y Tintablanca Berlín. Viajes irrepetibles que Tintablanca edita gracias a un profundo conocimiento de los destinos, de la mano de escritores e ilustradores que las conocen bien.

Tanto que es imposible dejar de bucear entre las páginas de lugares cercanos, y remotos, que nos eclipsan entre el bullicio de sus plazas, sus secretos y sus calles solitarias. Ciudades que nunca se apagan. Solo descansan. Y siempre, tras la noche y el silencio, se desperezan con la melodía de un nuevo día.

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