Texto – Redacción-Prensa Espasa.
Somos así. En estas líneas se intenta explicar la novela más inexplicable que se ha publicado en los últimos años: «Sustancia» -Espasa- . Además, les hablamos de su autor, claro. Julián Hernández, un clásico del rock español cuya personalidad es (casi) tan compleja como la del singular protagonista de su primera novela, Insecto Palo. Eso sí, que sepamos, no es un adicto a la hidrotrepanación.
En un edificio de cachaverosódico nombre, Insecto Palo –un vecino discreto pero singular– secuestra a B en el ascensor. B, inquilino también del inmueble, despierta inmovilizado en un artilugio complejo, una especie de silla de dentista de estética y tecnología steampunk.
Allí pasará B el resto de sus días sometido al suplicio de la gota de agua hasta la muerte. Secuestrador y secuestrado siguen por los medios de comunicación el caso de un Tiziano perdido. Su autenticidad es inapelable, pero encierra un secreto aterrador: Cristo no murió en la cruz. Al hacerse público el descubrimiento, la civilización occidental se desmorona.
LA DELIRANTE HISTORIA DE UN PECULIAR SECUESTRO, CON SECRETO TERRIBLE Y CAOS APOCALÍPTICO INCLUIDOS
Dicho así suena a película de Chuck Norris dirigida por Terrence Malick. Pero no. Julián Hernández ha construido una historia en la que la aparente ilógica argumental responde a la lógica enloquecida de unos personajes que se mueven en la tenue frontera que separa los delirios de las pesadillas.
La novela –¿iconoclasta y neo-dadaísta?– encierra un universo alternativo en el que todo es posible. O quizás sea al revés, el universo posible encierra una novela alternativa cuyas señas de identidad hunden sus raíces en la vida y en la obra de uno de los creadores más singulares de la escena musical española.


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