Entrevista a Juan Antonio Bueno Álvarez y Miguel Ángel Mateo, autores de “Los mundiales de fútbol” -Editorial Edaf

Texto – Albert Roca. Fotos – Editorial Edaf.

Este próximo jueves empieza el Mundial de Fútbol de Brasil, que despertará muchas pasiones, héroes, alegrías y decepciones, como las que se han vivido en los mundiales anteriores.

En el libro “Los mundiales de fútbol” -Editorial Edaf, se encuentran todos los datos de las confrontaciones realizadas hasta hoy, según el riguroso orden cronológico de la competición. Al final de cada uno de los capítulos, que se corresponden con cada una de las ediciones de la Copa del Mundo, M. Á. Mateo y J. A. Bueno -autores ya de una exhaustiva y universal Historia del Fútbol- han destacado un dream team y un quinteto de jugadores. De este nuevo libro, con momentos de reflexión y análisis nos hablan en esta entrevista.

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En primer lugar, ¿cuál es el primer recuerdo que tenéis de los Mundiales?

Miguel Ángel: El Mundial de Inglaterra de 1966, el primero que vi, es mi recuerdo más querido. Se inauguró un 11 de julio, el día que cumplí nueve años. Fecha emblemática para el fútbol español, porque otro 11 de julio España se proclamó campeón del mundo y la final del Mundial de España de 1982 también tuvo lugar otro 11 de julio.

J.A.B.A. En mi caso, el Mundial de México-70. Tenía ocho años y lo vi con una ilusión única. Recuerdo que algunos partidos se jugaban muy tarde y yo, con la complicidad de mi padre, me peleaba con mi madre para que me dejara verlos. Durante años creí haber visto el gol que Pelé le marcó a Ivo Viktor desde el centro del campo, hasta que descubrí que aquella pelota que mi imaginación había metido en la portería, en realidad se había marchado fuera.

¿En qué Mundiales os hubiera gustado estar o haber vivido a fondo?

J.A.B.A. En todos. Para mí un Mundial es un acontecimiento único. Con los años me ocurre menos, pero recuerdo que me quedaba un vacío tremendo cuando terminaba un Mundial pensando que faltaban cuatro años para el siguiente.

M.A.:  Por lo dicho, el Mundial del 66 y los dos que se celebraron en México, el de 1970 y el de 1986. Han sido los mejores campeonatos que he visto o los que más me han gustado.

-Cada Mundial ha tenido varias jugadores destacados, que definís en cinco estrellas. Podríais llegar a reunir a las cinco estrellas de todos los Mundiales.

M.A. Hay un podium de cuatro jugadores que no pueden faltar: Giusseppe Meazza –el gran capitán italiano de antes de la guerra-, Pelé, Beckenbauer y Maradona. Un quinto podría ser Garrincha.

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-Y una alineación?

M.A.: En un esquema 4-4-2, sin respetar escrupulosamente su posición en el terreno de juego: Banks (Inglaterra); Sergio Ramos (España), Beckenbauer (Alemania), Moore (Inglaterra), Baresi (Italia); Garrincha (Brasil), Cruyff (Holanda), Maradona (Argentina), Bobby Charlton (Inglaterra); Eusébio (Portugal) y Pelé (Brasil).

-El libro acaba con la victoria de España en el anterior Mundial, y para los más jóvenes recordáis el paso complicado por anteriores mundiales. ¿A partir de ahora el papel de España puede ser más relevante, superando los malditos cuartos de final?.

M.A. La sucesión, a corto plazo, parece assegurada. Lo lógico es que España llegarà un par de veces a semifinales cada veinte años, por ejemplo.  De todas formes, lo más importante es mantener el estilo que por fin hemos encontrado, aunque será difícil repetir una generación como la actual.

-El Mundial de Argentina no se tuvo que celebrar, ¿no?, ¿Por qué no hubo un boicot parecido al que hubo en los Juegos Olímpicos de Moscú y Los Ángeles?

J.A.B.A. Fue una vergüenza que se celebrase un Mundial en un país devastado por una dictadura tan asesina como la de Videla. Las democracias occidentales miraron hacia otro lado, salvo algunas tibias reacciones de Francia y Holanda. La FIFA, con mucha hipocresía, pidió no mezclar el fútbol y la política, algo que hace siempre la FIFA poniéndose del lado de los gobiernos de turno y de los poderosos en general. Fuera de algunas organizaciones como Amnistía Internacional, nadie se planteó un boicot.

-Por qué Inglaterra tiene un papel tan poco relevante, al margen de su victoria en el ‘66?

M.A. Para ganar un torneo de fútbol hacen falta dos cosas: ser bueno y tener suerte. La una sin la otra no funciona. Eso le ha sucedido a Inglaterra, como le ha pasado a España. Unas veces faltó fortuna, otras calidad y otras ambas cosas. Como a todos los demás cuando no ganan.

-Explicáis la final del 66 con hechos paralelos, como el grupo que no pudo tocar aquel día.

– M.A. En el libro intentamos contar algo nuevo- lo que a estas alturas no es fácil- o contarlo de otra forma. En nuestro imaginario no cabe narrar un Mundial de modo aislado, porque tuvo lugar en un contexto determinado. El fútbol no está al margen de la sociedad. Al contrario, es una manifestación de la sociedad, y una manifestación que ha ido adquiriendo peso con el tiempo, como la música rock. Si te refieres a los Kinks, en los sesenta eran el tercer grupo inglés en discordia junto a los Beatles y los Rolling. Prefirieron dar plantón a sus seguidores y al promotor del concierto antes que perderse la prórroga de aquel partido que ellos mismos califican de histórico. Es una anécdota de las que salpican el libro para hacerlo más ameno y para que lo compren los fans de los Kinks.

Juan Antonio Bueno Álvarez
Juan Antonio Bueno Álvarez

En el libro se habla del auge y caída de Maradona

J.A.B.A. Maradona fue el primer futbolista universalmente mediático, el primero cuya fama se sustentaba tanto en lo que hacía en los campos de juego como en los avatares de su vida privada. Como jugador fue maravilloso, quizá el jugador más genial que ha existido. Nadie ha tenido un mes tan prodigioso como Maradona en México-86. Pero de todos los grandes futbolistas de la historia era también el que escondía un lado más oscuro. Su personalidad era también más controvertida que la de Di Stéfano o la de Pelé o de lo que puede serlo ahora la de Messi. Sus declaraciones, muchas veces demagógicas, eran a menudo latigazos contra los dirigentes futbolísticos, contra la sociedad capitalista, contra los italianos del norte, contra quien fuera. Por eso, tras su positivo en 1994, sus enemigos se cebaron con él, como si aquel fútbol de ensueño de los años ochenta hubiera sido producto de las drogas. Creo que la verdad es justamente la contraria: al fútbol de Maradona le perjudicaron las drogas.

-Habláis de goles históricos como el de Hurst en el Mundial de Inglaterra, acompañado de una leyenda, que vosotros no acabais de desmentir. Pero ¿fue o no fue gol?

M.A. El árbitro lo dio

¿Cómo se puede explicar que un Brasil con Sócrates, Zico, Cerezo y Falcao no ganara un Mundial y, en cambio, lo ganara en 1994 con un quipo inferior?

J.A.B.A. Porque como decía el difunto Boskov, “fútbol es fútbol”. Y, además, porque aquel equipo maravilloso de 1982 (para algunos la mejor selección que ha existido) fue el último gran representante de una concepción romántica que ha desaparecido. En el duelo decisivo contra Italia a Brasil le valía el empate y tuvo el partido empatado tres veces, pero buscó siempre más goles. Al final no logó el título, pero sí la gloria. En 1994 Brasil venció con un fútbol ramplón y por penaltis. Por eso, algunos brasileños dicen que solo han ganado cuatro mundiales.

– ¿Si Pelé jugara hoy seguiría siendo decisivo?

M.A. Tanto como lo sería Galileo para la ciencia si viviera hoy. Creo que es una pregunta sin respuesta fácil. Cuando sacamos las cosas de su contexto hacemos una pequeña trampa.

– ¿Él es el rey de todos los mundiales?

M.A. El jugador más representativo, seguramente; pero como el fútbol es un deporte de equipo, el rey de los Mundiales es Brasil y los aspirantes al trono Italia y Alemania.

-La competitividad alemana en los mundiales

M.A. Desde 1996, Alemania ha estado en seis finales. Y desde entonces jamás ha caído antes de los cuartos de final. Eso lo dice todo. Muchas veces lo ha logrado con grandes equipos (1974, 1990), otras con buenos equipos (1982) y otras con conjuntos muy mediocres (2002).

-¿La suerte influye para ganar un campeonato?

M.A. Allan Ball decía que “en el fútbol no es bueno creer que la suerte existe, pero existe”.

¿Cuál es el campeonato que más os ha hecho disfrutar?

M.A.: El que se jugó en México en 1970.

J.A.B.A. Sin duda, el primero que vi, el de 1970.

¿Y el más aburrido?

M.A.: No recuerdo ninguno que me haya dejado indiferente.

J.A.B.A. Ha habido varios muy discretos, como los de 1990 y 1994.

¿Y el más decepcionante?

M.A.: El de Estados Unidos en 1994. Quizá porque la final terminó sin goles y hubo que recurrir a los lanzamientos de penalti. Algunos brasileños se niegan a contabilizar ese Mundial entre sus títulos.

J.A.B.A. En 2006, Brasil llegó con la expectativa de igualar al gran equipo de 1970 y, desde luego, con el objetivo mínimo de ser campeón. Y se quedó muy lejos de todas sus metas.

– ¿Qué tiene México para haber acogido dos de los mundiales más explosivos?.

-M.A. Pues aunque parezca contradictorio, quizá el secreto reside en que se jugaron en condiciones poco propicias para la práctica del fútbol. Puede que sea natural que condiciones extremas produzcan resultados extremos.

¿Hay un antes y un después del Mundial-74?

J.A.B.A. Sí, lo hay. En aquel torneo empieza el fútbol moderno, más o menos el que ha pervivido hasta hoy. Holanda, pero también Alemania y Polonia, mostraron una nueva forma de jugar en la que debía haber un calculado equilibrio entre la técnica, la preparación física y la estrategia. Y, sobre todo, había que hacer las cosas bien, pero con velocidad. Lo mejor que hemos visto después (el Milan de Sacchi, el Ajax de Van Gaal, el Barcelona de Guardiola, la España de los últimos años) son variaciones de aquello. Podría exceptuarse el Brasil de 1982, más emparentado con una concepción anterior del fútbol.

¿Por qué no ganó Holanda el Mundial-74?

J.A.B.A. Volvemos a Boskov: porque “fútbol es fútbol”. Y también porque un partido lo puede ganar cualquiera, y aquella Alemania era también un gran equipo. Además, puede que a Holanda le perjudicara marcar tan pronto en la final. Y desde luego le perjudicó, una vez que anotó el penalti, estar casi media hora mareando a los alemanes pero olvidándose de que el pro

El capítulo de Suecia ’58 se define como el rapto de Europa….

– M.A. Sí, porque es la única vez que una selección europea no ha ganado en el Viejo Continente.

– Si Brasil ganara este próximo mundial. ¿curaría las heridas del Maracanazo?

M.A. A los brasileños que vivieran el Maracanazo es difícil. El portero de la canarinha en aquel Mundial, Barbosa, se quejó con amargura en cierta ocasión de que mientras la pena máxima en Brasil por asesinato es de cuarenta años, él estaba condenado a cadena perpetua. El problema serio vendrá ahora si no lo ganan. pósito último del fútbol es meter el balón en la portería contraria.

¿Cómo os habéis distribuido las tareas del libro?

J.A.B.A. Es un libro conjunto en el que todo se ha consensuado y discutido. Hemos pretendido en todo momento que hubiera unidad. Luego, cada uno se ha encargado de redactar una parte: Miguel Ángel los primeros Mundiales (1930-1970) y Juan Antonio los siguientes. El último lo hemos hecho entre los dos. Y al elegir las estrellas y las alineaciones ideales de cada campeonato, nos hemos puesto de acuerdo.

En el libro vemos una buena combinación entre la información periodística y la mirada literaria.

M.A. La raya entre periodismo y literatura es tan difusa como en el gol de Hurst. Miguel Delibes empezó escribiendo crónicas de fútbol.

Para finalizar, ¿qué tienen los Mundiales que no tengan otros acontecimientos futbolísticos?

J.A.B.A. Son la ocasión para ver en muy pocos días a los mejores jugadores del mundo. Además, al celebrarse cada cuatro años, la posibilidad de revancha casi no existe, por lo que el éxito o la derrota son más absolutos que en otras competiciones. Ni siquiera la Eurocopa se acerca a la magia del Mundial, porque faltan por lo menos Brasil y Argentina. Y un Mundial sin Brasil ni Argentina no sería un Mundial. Como no lo sería sin Alemania, sin Italia o ahora sin España.

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