Escribà cumple 120 años: cinco generaciones transformando la pastelería

Texto – Redacción.

«La pastelería Escribà abrió sus puertas en 1906.
De eso hace ahora 120 años.
Se dice rápido: 120 años, 44.000 días.
Hay que decirlo en voz alta e incluso pellizcarse para asegurarse de que hemos llegado hasta aquí. Durante todo este tiempo, nuestros clientes han podido vivir en primera persona la enorme transformación de este negocio familiar: desde que abrió para vender pan a principios del siglo XX hasta su transformación en pastelería y su consagración como uno de los templos de la repostería más importantes del planeta.»

Sinopsis:

Hay lugares que trascienden el paso del tiempo y se convierten en parte de la memoria colectiva. La pastelería Escribà es uno de ellos.

Con motivo de la celebración de su 120 aniversario, este libro rinde homenaje a una de las sagas pasteleras más emblemáticas del país. Fundada en 1906 y dirigida hoy por Christian Escribà, cuarta generación de una familia que ha hecho de la creatividad, la innovación y la excelencia su sello de identidad. Escribà ha conquistado el mundo convirtiendo cada creación en una auténtica obra de arte.

A través de estas páginas descubrirás la apasionante historia de cinco generaciones, los momentos que marcaron su extraordinaria trayectoria, anécdotas inolvidables y los secretos de algunas de sus recetas más icónicas, aquellas que han seducido a generaciones de amantes de la pastelería de todo el mundo.

Reconocido como Mejor Pastelero de España por la Academia Española de Gastronomía, miembro de la Académie Culinaire de France y embajador de Barry Callebaut & Chocovic, Christian Escribà comparte en este extraordinario volumen el legado de una casa única que, 120 años después, sigue demostrando día tras día que la pastelería también puede emocionar, sorprender y hacer soñar.

EXTRACTOS

«La primera tienda de Escribà estaba situada en la Gran Via de les Corts Catalanes, pero —cosas de la vida— ni se llamaba Escribà ni ofrecía pasteles. El local que todavía hoy acoge la tienda principal y el «obrador» de la pastelería Escribà abrió sus puertas a principios del siglo xx con la fórmula de un horno tradicional: el Forn Serra. Allí, un joven llamado Mateu Serra i Capell (1876-1945) puso en marcha un negocio que con los años no ha dejado de crecer y acumular éxitos.»

p. 16

«Siempre nos gusta recordar una anécdota de Jos que la define a la perfección. Cuando llevaba dos meses casada con Antoni, ya viviendo en Barcelona, le dijo seriamente a su marido que no le gustaban los croissants de aquí, hechos con manteca de cerdo. Medio en broma, afirmó que, si no podía desayunar cada mañana un croissant de mantequilla, volvería de inmediato a París.

Así fue como Antoni Escribà elaboró, en 1961, el primer croissant hecho con mantequilla en España.»

p. 32

«La pastelería ha tenido y tiene clientes de todo tipo, incluso Pablo Picasso le obsequió con una litografía por lo mucho que le había gustado una mona de chocolate. […]

Ese dibujo en blanco y negro estuvo colgado en el comedor de casa durante muchos años, pero Antoni Escribà consideraba que, al cuadro, artísticamente, le faltaba algo, aunque fuera un Picasso. Lo más probable es que nada resuma tan bien la idiosincrasia de ese Escribà en particular como lo que pasó luego: poco antes de morir, tres décadas después de toda aquella historia, mi padre me llamó para decirme que mamá estaba enfadadísima.

—¿Qué le has hecho? —me preguntó.

—He pintado el Picasso.

—¿Y te ha quedado bien? –le pregunté. A lo que me respondió: ha mejorado mucho. […] Así fue toda la vida: impulsivo y provocador. No sabemos qué hubiera pensado Picasso, pero algo me dice que no le habría parecido mal.»

pp. 35-37

«El mayor reto al que nos hemos enfrentado durante este tiempo tuvo lugar en agosto de 2014: Fantasía by Escribà, el espectáculo de pastelería más grande y ambicioso jamás creado, celebrado en el Palacio de Congresos del Marina Bay Sands de Singapur. […] Más de 50.000 visitantes disfrutaron de una cascada de 8,5 metros construida con dos toneladas de chocolate, un teatro con capacidad para 600 personas, una selva fantástica con animales de chocolate, merengue, caramelo y azúcar a tamaño real, y un museo que reunía algunos de los pasteles más emblemáticos de nuestra historia. También levantamos un gran espacio comercial inspirado en un paseo mediterráneo, con quince tiendas entre las que se encontraban una floristería, una joyería, una zapatería y, por supuesto, una réplica de nuestra histórica tienda de la Rambla.

La magnitud del proyecto quedó reflejada en sus cifras: elaboramos 20.000 croissants, 180.000 bombones, 30.000 cremas catalanas y utilizamos más de diez toneladas de chocolate, todo ello gracias a un equipo de 500 personas.»

pp. 58-59

«La mona de gran formato —la de escaparate— nunca se pensó como producto de venta. […]

La mona tradicional es un producto costoso: tanto para el pastelero, porque exige muchas horas de trabajo artesanal y mano de obra muy cualificada, como para el cliente, que asume ese coste en una fecha muy señalada. Tras la crisis de 2008, en pleno auge del low cost, la pregunta fue inesquivable: ¿cómo mantener la esencia, la finura y la calidad sin expulsar a la gente del ritual de la Pascua?

La respuesta fue reducir el tamaño, no la dignidad del producto. Así, aparecieron las minimonas. Estas conservan el trabajo artesanal, pero en un formato más accesible. De este modo, los padrinos pueden seguir cumpliendo con la tradición sin que suponga una inversión desmesurada.»

pp. 134-135

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