Texto y Fotografías – Albert Roca.
Vampirismo, novicias enclaustradas, misterio y muchos giros. El público del Festival de Sitges se quedó muy sorprendido con la película «Upiro», que reúne un extenso reparto coral, donde sorprende e impacta la actriz Victoria Cerrada en su debut en el género fantástico.

¿Es tu primera película del género fantástico? ¿Cómo te preparaste?
Mi primera incursión en el fantástico fue con esta película de vampiros. Intenté buscar la realidad del personaje que cree realmente que le están ocurriendo cosas fantásticas. La verdad es que he disfrutado mucho de mi personaje y de ser una «scream queen».
¿Te tuviste que transformar literalmente físicamente?
Hay un cambio de pelo, de vestuario, de muchas cosas. Estoy muy agradecida a todo el equipo técnico detrás de la peli. Fue muy fácil meterse en el personaje. Nos cortaron el pelo como lo llevaban las monjas de la época, además de llevar el rostrillo que te contiene y el velo.
Fue un cambio tan radical, que la primera vez que me vi en el espejo me dio como un susto. Me lo ponía más fácil también como actriz para interpretar.
¿Eres supersticiosa?
Creo que es un poco soberbio pensar que lo sabemos todo, pero tampoco me fío de la gente que tiene certezas y que te dice: «No, esto sí que existe». Me gusta que haya un espacio para lo fantástico, lo no explicado, y hacerse más preguntas que buscar respuestas. Tengo muchos amigos muy místicos y gracias a eso he podido explorar una faceta que no pensaba que tenía.
Obviamente sí que creo en la ciencia, las pruebas, el estudio. Me parece muy interesante. Es el ejemplo perfecto de intentar demostrar la teoría contraria de lo que quieres probar. Vas a la contra de tu propia idea y de eso gana certeza. Siempre hay que considerar la otra parte.

¿Te sorprendió algun aspecto como el escenario o la historia?
Lo interesante que descubrí con esta película es que para las novicias, las monjas y muchas mujeres de esa época, el convento era un espacio de libertad. No te casaban con cualquier hombre y tú podías, en el caso de Remedios, por ejemplo, estudiar, que para una mujer de la época no era lo normal.
Tampoco se trata de romantizar ese lugar, que era horrible, pero había de luz en él. Por ejemplo, se habla mucho en la pelicula de Catalina de la Siena. Descubrir todas estas vidas de monja, yo que soy una persona muy atea, me ha impactado. Me ha parecido muy interesante descubrir ese mundo de la espiritualidad.
¿Hay maneras diferentes de las clásicas de sentir la espiritualidad?
Sinceramente, suena muy de actriz, pero yo he tenido las experiencias más espirituales en el cine, sola, en un momento de profunda interioridad. Quizás fue en un momento duro, de una etapa complicada. Ha sido lo que más me ha sacado de mí. Y el hecho de poder confiar en una cosa más grande por ver a otra persona, a través de algo similar o totalmente opuesto.
En determinados momentos no me pongo a rezar, me pongo una película. Es terapéutico y por eso me dedico a esto.

¿Qué recuerdos tienes de los directores?
De las cosas que más me ha gustado de trabajar con Óscar y Elena es que son profundamente cinéfilos. Podías tirarte horas hablando de peliculas y para entender una escena había una referencia de cine. No era «quiero que actúes así». No era un director cualquiera que siente la escena.
Me acuerdo de una escena, en vez de darme una nota, me dijo: «¿Te acuerdas de esta escena de Blue Velvet, de la cabina?». Y le dije que sí. Hay como un lenguaje realmente fascinante. Por eso a mí me gusta trabajar más allá del género con directores cinéfilos. Y esto ha sido un regalo.
Para finalizar, para cuando se estrene. ¿Qué les dirías al público para que vean Upiro?
Que haya un caso real siempre pica la curiosidad. Es muy interesante descubrir una parte de la historia de España muy oculta, que es este primer caso de vampirismo.
Que no se asusten porque es de época, porque hay una cosa profundamente moderna en estas novicias que les pasan cosas todo el rato. Además, es una película muy coral. El público se sorprenderá con los muchos giros que hay.

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