Wicker: fabricando al hombre que la realidad no sabe ofrecer

Texto – Luisa Scarlata. Fotografías – IMDB/ Luisa Scarlata

Wicker presenta una fantasía romántica deliciosamente excéntrica en la que Olivia Colman brilla en una comedia fantástica que transforma el ideal romántico en una sátira tan divertida como inquietante, demostrando que el amor puede adoptar las formas más inesperadas.

Hay películas románticas que nos invitan a soñar y otras que nos obligan a preguntarnos por qué la realidad parece empeñada en decepcionarnos. Wicker – una de las películas más interesantes, originales y estimulantes de los últimos años – pertenece a esta segunda categoría. Con una premisa tan insólita como reveladora, la película plantea una posibilidad tan fascinante como desoladora: quizá la ficción no sea una versión empobrecida de la realidad, sino la única forma de corregir sus miserias.

En Wicker (dirigida por Alex Huston Fischer y Eleanor Wilson y basada en el cuento corto «The Wicker Husband» de Ursula Wills-Jones), Olivia Colman está extraordinaria. Con esa capacidad única para combinar vulnerabilidad, ironía y una profunda inteligencia emocional, construye una interpretación que convierte lo que podría haber sido una simple extravagancia romántica en una experiencia mucho más compleja.

Colman comprende que detrás de nuestros deseos sentimentales no siempre se esconde la búsqueda de alguien a quien amar, sino también la necesidad de encontrar, por fin, algo que merezca ser amado.

Porque la cuestión verdaderamente incómoda de Wicker no es que un hombre artificial pueda sustituir a uno real. Es que pueda superarlo. Que la belleza, la delicadeza, la honestidad y la atención —esas cualidades que deberían formar parte de cualquier relación digna de ese nombre— parezcan más accesibles en una criatura inventada que en un hombre de carne y hueso.

Y ahí es donde la película adquiere una dimensión casi cruel. ¿Qué sucede cuando la realidad no está a la altura de nuestros deseos, no porque exijamos demasiado, sino porque nos hemos acostumbrado a esperar demasiado poco? ¿Qué ocurre cuando la ficción deja de ser una evasión para convertirse en una alternativa legítima a la vulgaridad, el egoísmo y la mediocridad de lo cotidiano?

La idea es tan provocadora como triste: si para obtener belleza hay que inventarla, si para encontrar honestidad hay que programarla, quizá el problema no esté en la fantasía, sino en el mundo que la vuelve necesaria. La ficción, entonces, no sería una mentira destinada a engañarnos, sino una forma de resistencia frente a una realidad que demasiadas veces confunde autenticidad con falta de delicadeza y naturalidad con ausencia de esfuerzo.

Si un hombre de mimbre es mejor que cualquier hombre real, entonces tenemos verdaderamente motivos para preocuparnos. No porque el falso sea una amenaza para el amor auténtico, sino porque su existencia revela hasta qué punto hemos fracasado a la hora de encontrar esas cualidades en la realidad. Tal vez lo inquietante no sea enamorarse de una ilusión, sino descubrir que la ilusión ofrece algo que la realidad ni siquiera parece dispuesta a intentar.

Wicker es una película insólita, inteligente y profundamente mordaz. Una obra que se atreve a formular una pregunta incómoda sin apresurarse a ofrecer consuelo: ¿y si la fantasía no nos alejara de la vida, sino que nos mostrara, precisamente, todo aquello que nos falta?

Porque quizá el verdadero escándalo no sea que podamos construir al hombre perfecto. Quizá sea que hayamos llegado a un punto en el que tengamos que hacerlo.

WICKER: Estreno en cines en España: 30 de octubre de 2026.

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