Texto – Albert Roca. Fotografías- Albert Roca-Manolo Pavón.
Maggie Civantos, muy popular por sus diferentes personajes televisivos especialmente en Vis a vis, estrenó en el Festival de Sitges su ópera prima como directora “El retorno de Júpiter” en la que además es la guionista y miembro del elenco artístico. En este filme Civantos plantea una atmósfera íntima e inquietante en la que la amenaza nace de las propias relaciones humanas.

¿El terror es un género que te atrae?
El terror me gusta porque creo que es muy divertido de interpretar como actriz y ahora de crear también como guionista y directora de la película. Ha sido un proceso muy interesante porque puedes poner en papel miedos. Y ha sido, por lo menos en mi caso, un proceso muy íntimo y personal, donde pones todos los miedos que tienes y los materializas. Todo es muy catártico.
¿Hay más libertad creativa en el terror?
Como intérprete me siento muy libre rodando y creando personajes de terror, de género. En esta primera experiencia como directora he tenido la sensación de poder volar más alto, porque de alguna forma puedes desplegar tu creatividad y la fantasía sin tener como los límites tan acotados. Porque si lo sabes hacer bien, de alguna forma puedes llegar a puntos más extremos, tanto en la interpretación como en la creación de tu guion.
Guion y dirección. Allí está tu mirada al cien por cien
Ahí lo tengo todo. A veces es un poco complicado porque dudas y te cuestionas. Y en este sentido, tienes que tomar decisiones y no hay nadie contigo para hacerlo. Al final yo tiré mucho de la intuición, de qué me dice mi cuerpo. Mi cuerpo dice “escoge este camino”, con el inconveniente de que no tienes a nadie a quien consultar.

¿A nivel personal te dejas llevar por la intuición?
Cada vez más. Yo creo que conforme va pasando el tiempo, al final voy confiando más en la intuición y en lo que mi cuerpo me dice más que la cabeza. En la cabeza están los miedos, en el cuerpo está la verdad. Para mí es así.
Y creo que precisamente la película habla de un retiro espiritual. Y decidí que fuera este el argumento de la película y el entorno. De hecho, el espacio era mío, ya no lo tengo. Y he cerrado este capítulo de mi vida creando esa película. Pero durante estos años me he acercado mucho a la espiritualidad desde una perspectiva, por un lado, íntima. Ahora ya no es íntima porque estoy hablando de ella, porque de alguna forma he puesto todos mis miedos en esta película. Pero me ha ayudado muchísimo a la parte creativa. Creo que el hecho de meditar, de escucharme, de tomar espacio para una parte más transpersonal, me ha ayudado mucho a conectar con mi verdad, con mi intuición.
En la película habla del amor y de lo que se esconde. ¿Todos tenemos algo oscuro?
Todos escondemos algo, siempre todos tenemos un lado muy oscuro. Y yo creo que cuanto más lo niegas, peor. Creo que hay que abrazar esa parte negativa y de alguna forma transformarla, o al menos aceptarla. Y yo creo que de ahí vienen un poco muchos bloqueos. Precisamente vienen de ahí. Queremos ser perfectos. Y creo que las redes sociales no están ayudando precisamente a encontrar la verdad de cada uno. Creo que al final estamos condicionados por lo que estamos viendo constantemente. Siempre ha sido así. Antes eran las revistas y ahora son las redes sociales.

Tocas el tema del amor terrorífico y que pocas veces se ve en el cine
La película Obesssion habla un poco de eso, y es curioso ya que cuando hice la película no la había visto. El Retorno de Júpiter, efectivamente, tiene un punto de vista sobre el amor terrorífico, y en este caso habla del amor individualista y cómo la fe y las creencias, que es una cosa que sí hemos visto más habitualmente en el cine de terror, se manipula para un beneficio personal. Y esto muchas veces pasa con el amor y nos pasa en pareja que de alguna forma, en el nombre del amor manipulamos. A lo largo de la historia de la humanidad se ha matado en nombre del amor.
Inspirado un poco en ese amor tóxico, quisimos también contar esta historia que pone encima de la mesa la espiritualidad tóxica y el amor tóxico, el amor individualista, que hace que no tengamos ningún tipo de sentido común y de empatía.
En esta película hay algo que va más allá del terror: hay contenido ¿Ese mundo lo quieres seguir explorando?
En esta película hay terror, pero tiene mucho suspense. Te genera una inquietud y suspense desde que empieza hasta que acaba. Y lo más interesante para mí precisamente fue poder explorar, gracias al género, determinados conceptos que me interesaban, como la espiritualidad tóxica, el amor individualista, «qué pasaría si…» Entonces entras en ese mundo de fantasía donde puedes llevar a los personajes al extremo, y eso es lo que me parece que el género te da, y quiero seguir explorando, porque como hablábamos al principio, hay una libertad en este género de poder explorar temas un poco más existenciales, más filosóficos, o más sociales.

Otro tema que sale en la película es la terapia y la salud mental. ¿Lo necesitamos?
Creo que parte del problema es que nos ponemos tantas máscaras que nos perdemos en ellas. En la película la pareja protagonista se pone una máscara para contentar al otro, pero no están siendo ellos mismos. Y esto le genera una crisis de pareja, que es algo muy común. Por eso creo que al final la película es un reflejo de lo que vivimos como sociedad y de las relaciones que tenemos hoy en día entre nosotros, que están muy disfrazadas, inconscientemente, obviamente, pero que hay mucho conflicto individual precisamente por todas las máscaras que nos ponemos.
¿Te motivan mucho los retos aunque hayan dificultades, como puede ser en tu caso con la dirección?
Tengo una necesidad de explorar y de vivir. Soy curiosa. Yo no tenía una necesidad. Mi carrera como actriz me va bien, pero había una necesidad que creo que responde a algo muy natural en mí. Desde los 6 años escribía y de repente lo dejé. Porque dices, «no soy yo». Te pones una etiqueta y empiezas a hacer teatro y ya piensas que eres actriz. Y dices, «a mí me gusta contar historias, ¿por qué no puedo contar historias también desde este lado?». Desde este lado, ¿por qué tengo que sacrificar algo para conseguir una cosa?
En estos momentos hay muchas actrices y actores que se están poniendo detrás de la cámara, muchos actores. Y tiene un sentido. Creo que al final hay un proceso natural en el contar tus historias.
Yo he sido una actriz además muy curiosa, donde le preguntaba a todos los técnicos: «¿Por qué pones esto?. Soy muy pesada y me gusta preguntar, porque me gusta saber qué están haciendo los demás. También me gusta que me pregunten. Soy curiosa y creo que esa curiosidad me ha hecho que no me sienta en un lugar que no me corresponde. Me he sentido muy natural. Es verdad también que si algo he hecho bien en esta película es elegir a un equipo increíble: un equipo artístico, técnico y humano maravilloso, donde me he podido apoyar. Creo que sin el equipo que yo he tenido no hubiese podido hacer esta película. Entonces creo que al final he querido explorar abrir otra puerta y ojalá la industria me acoja bien como directora, porque no quiero que sea la primera de muchas.

Sin estar condicionada por nada has llevado tu idea hasta el final y eso es muy auténtica
¿Lo ves así de verdad? Voy a llorar, estoy muy nerviosa. El proceso ha sido intuitivo. Eso tiene que ser así. También ha facilitado que estudie psicosíntesis, psicología transpersonal. Y precisamente la película viene un poco de esto, de los «todos», de estas personas que de repente se ponen a hacer terapia o se ponen a organizar retiros y no se dan cuenta de la cantidad de gente vulnerable y el poder que tienen.
¿Tienes nuevos proyectos en tu cabeza?
Estoy desarrollando mi segundo proyecto y me lo pongo un poco más complicado, porque quiero explorar otra cosa. Ojalá vaya bien y volvamos a encontrarnos para presentar mi segunda película. En este caso será más thriller que fantasía.

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