Texto – Redacción. Fotografías – Santi Martínez Sancho.
En una de las escenas más recordadas de Matilda, una preadolescente Mara Wilson hacía volar todos los objetos del comedor de su casa al ritmo juguetón de Little Bitty Pretty One, de Thurston Harris. Treinta años después de aquella deliciosa comedia familiar, que se convirtió en un VHS indispensable para la generación millennial, su responsable ha regresado al Festival de Sitges para recibir el Gran Premio Honorífico. El pingüino de Batman vuelve, el director de pista que se convertía en lobo en Big Fish y el hermano gemelo de Arnold Schwarzenegger en Los gemelos golpean dos veces, Danny DeVito, recibió la noche del jueves en el Festival de Cine de Sitges, un gran homenaje en el auditorio del Meliá, con el público aplaudiendo en pie.

«Cuando tenía cinco años desarrollé una pasión por el cine y sé que vosotros también la sentís, y eso nos convierte en familia», ha expresado el actor de La guerra de los Rose. DeVito ha recordado que, a finales de los setenta, trabajó en una película —el western cómico Camino del sur— con el director de fotografía Néstor Almendros, «un pionero en el uso de la luz». También ha dejado claro que mantiene una buena relación con los hermanos Bayona y que La sociedad de la nieve es una de sus películas favoritas.

A continuación, ha pedido a sus hijos, Lucy y Jake DeVito, que subieran al escenario. «Ahora os presentaré a mi verdadera familia», ha dicho con una gran sonrisa. Los tres han presentado Drag, su nueva coproducción, que trata sobre un robo que sale mal y acaba convirtiéndose en un juego del escondite. Proyectada por la tarde dentro de la sección Oficial Fantástico, esta alocada comedia de terror —que parece una versión retorcida de Solo en casa— ha sido dirigida y escrita por un tándem artístico formado por Greg Yagolnitzer y Raviv Ullman, y cuenta con un reparto integrado por Lizzy Caplan, John Stamos, Christine Ko y la propia Lucy DeVito.

Antes de la proyección, el equipo de Drag, encabezado por el gran DeVito, ha protagonizado un encuentro con la prensa y el público en el mismo Meliá. «El guion es lo más importante», ha declarado el actor de Hoffa, un pulso al poder. «El material, la idea, pueden ser brillantes, pero la ejecución del guion… Es la parte que más he controlado en todas las películas que he hecho, con la excepción de Pulp Fiction». Según ha recordado, el proceso era siempre el mismo, pero «decidí confiar en ese tal Quentin y salió de maravilla, ¿no?». Por otro lado, «la única razón para hacerme director es que el puesto de Dios ya está ocupado».

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