Sal Moreno, el arte de cruzar fronteras: México conquista el MEAM de Barcelona

Texto – Luisa Scarlata. Fotografías – Luisa Scarlata

El artista mexicano presenta en el MEAM de Barcelona un universo donde pintura, música, poesía y performance se entrelazan como los hilos de una misma trenza. Su neotenebrismo explora la frontera entre la luz y la sombra, mientras la mitología y la cosmovisión chamánica abren puertas hacia aquello que no siempre podemos ver.

La exposición de Sal Moreno en el MEAM de Barcelona

Hay artistas que pintan, músicos que componen y escritores que buscan las palabras precisas para nombrar el mundo. Y luego están quienes no aceptan fronteras entre disciplinas. Sal Moreno pertenece a esta última estirpe. En su universo creativo, una poesía puede convertirse en un cuadro, una pintura puede inspirar una canción y una canción puede dar vida a un personaje que terminará habitando el escenario.

Durante nuestra conversación en Casa Rafols, uno de los restaurantes con más historia de Barcelona, el artista mexicano encuentra una imagen que resume su trayectoria: una trenza. No se trata de tres caminos que avanzan en paralelo, sino de lenguajes que se cruzan, se transforman y se alimentan mutuamente. Una forma de entender el arte que ahora encuentra un espacio de diálogo con el público en el MEAM de Barcelona.

Todo empezó con la poesía

La historia de Sal Moreno comienza mucho antes de los escenarios, las bandas de rock y los personajes de apariencia enigmática. Empieza con la palabra escrita. Cuando tenía apenas seis o siete años, ya participaba en concursos infantiles de poesía en México. Entre sus primeras referencias estaban autores como Amado Nervo y Rubén Darío, pero también un poeta español que dejó una huella especial en su imaginación: José de Espronceda.

A los textos comenzaron a acompañarlos dibujos, garabatos y pequeñas imágenes. Después, el proceso se invirtió: de los dibujos surgían frases, anotaciones enigmáticas y palabras que parecían esconder algo más.

Durante la adolescencia, esa atracción por lo misterioso encontró nuevos compañeros de viaje en Edgar Allan Poe y H. P. Lovecraft. La fascinación por lo oculto, por aquello que permanece velado y no se revela por completo, empezó a tomar forma como una constante de su imaginario.

«Tenemos un aspecto de sombra implícito en nuestro ser», reflexiona. Para Moreno, esa sombra no es únicamente un motivo estético: es una materia con la que el artista puede trabajar y que, mediante la creación, puede transformar.

La música también estaba escrita

La transición de la poesía a la música se produjo de manera natural. Primero llegaron las melodías imaginadas para sus propias letras; después, la posibilidad de interpretarlas. En algún momento, al contemplar los cuadernos donde acumulaba canciones y poemas, se hizo una pregunta sencilla: si aquellas composiciones tenían que ser cantadas, ¿quién mejor que él mismo para hacerlo?

En esa decisión también estaba presente la influencia de su padre, a quien recuerda como alguien que cantaba, escribía poesía y dibujaba de forma espontánea. Moreno siente que absorbió aquella sensibilidad y que, de alguna manera, recibió el relevo de una vocación artística vivida con naturalidad.

Su primera banda oficial fue La Caja, un grupo mexicano de rock progresivo al que llegó por una vía inesperada: le habían pedido diseñar una portada y crear un logotipo. Aquel encargo visual terminó abriéndole la puerta a una nueva etapa como cantante. Más adelante, otras experiencias musicales desembocarían en La Castañeda, formación con la que desarrolló una trayectoria marcada por la experimentación y una fuerte dimensión escénica.

Sin embargo, la pintura nunca desapareció. Incluso durante los periodos de mayor intensidad musical, siguió formando parte de su vida creativa.

La Castañeda en concierto

La Castañeda: cuando las canciones cobran cuerpo

En el universo de Sal Moreno, algunas canciones no terminan cuando se apaga la música. Se transforman en personajes, adquieren vestuario, movimiento y presencia física. Lo que comienza como una composición puede convertirse en una experiencia visual y teatral.

Moreno pone como ejemplo a Nancy Llaga, un personaje nacido de una canción que evoca brujería, niebla, una laguna encantada y la búsqueda de un alma. En sus versos aparece una figura misteriosa, vinculada a una dimensión sobrenatural que parece moverse entre la fascinación y la pérdida. La canción se convierte así en un punto de partida para construir una identidad visual y escénica. Algo parecido sucede con otras composiciones, como Transfusión, que también dialogan con su producción pictórica.

Esta conexión ha dado lugar a Producciones Garra, una casa creativa y taller donde se desarrollan los elementos visuales que hacen posible ese universo: vestuarios, tocados, accesorios y otros componentes destinados a dar forma a los personajes. El espacio nació de la necesidad de materializar una imaginación que la música, por sí sola, no podía contener.

Con La Castañeda, ese trabajo visual encontró un escenario en el que convivir con músicos, bailarines y actores. La pintura podía convertirse en presencia teatral; la escena, a su vez, podía devolver nuevas imágenes a la pintura. No es una simple suma de disciplinas. Es un proceso circular, una creación que nunca permanece inmóvil.

México como raíz y como visión del mundo

La identidad mexicana ocupa un lugar fundamental en el imaginario de Moreno, pero no como una referencia meramente decorativa. Su interés se dirige hacia una tradición cultural profunda, anterior incluso al mundo azteca, y hacia los conocimientos asociados a la cosmovisión chamánica y la mitología.

El artista encuentra en estas tradiciones una forma de aproximarse a la realidad que no se limita a lo visible ni a lo material. Le interesa la idea de que la experiencia humana contiene distintos planos, algunos tangibles y otros vinculados a la conciencia, los sueños y lo invisible.

Desde su perspectiva, estas visiones pueden aportar preguntas necesarias a una sociedad dominada por el consumo, la superficialidad y la falta de reflexión. No plantea su trabajo como una respuesta cerrada, sino como una invitación a mirar de nuevo, a prestar atención a dimensiones de la existencia que con frecuencia quedan relegadas.

En ese punto, su discurso se amplía más allá de su propia cultura. Las raíces mexicanas son el lugar desde el que habla, pero las preguntas que plantea aspiran a encontrar eco en cualquier persona dispuesta a explorar su mundo interior. Su concepción del arte resume esta voluntad: «El arte no es un oficio, el arte es un sentido». Para Moreno, crear y contemplar son dos partes de un mismo intercambio. Hay quienes emiten una obra y quienes la reciben, pero ambos participan en un flujo de energía que hace posible el encuentro artístico.

Neotenebrismo: el claroscuro de nuestro tiempo

La oscuridad ocupa un lugar central en la obra de Sal Moreno, aunque sería un error interpretarla únicamente como una estética sombría. Su concepto de neotenebrismo parte de una tradición pictórica reconocible —el contraste dramático entre luz y sombra— para trasladarla a una sensibilidad expresionista contemporánea.

La referencia a Caravaggio aparece de forma natural. Moreno reconoce la importancia de los grandes maestros del claroscuro, pero le interesa actualizar ese lenguaje y convertirlo en una herramienta para hablar de las contradicciones del presente. La luz y la sombra no son solamente recursos para construir una imagen. También representan fuerzas que conviven en el ser humano: lo consciente y lo oculto, lo que mostramos y aquello que permanece en nuestro interior.

En esta lectura, la oscuridad no desaparece cuando llega la luz. Ambas dimensiones forman parte de una misma experiencia, en permanente tensión. Pero Moreno va más allá de la oposición entre dos extremos. En una de las obras que comenta durante nuestra entrevista, describe una composición que permite distinguir diferentes planos: el subconsciente, lo intangible, lo invisible y lo onírico, frente al mundo material que podemos tocar.

La entrevista en Casa Rafols

Su interpretación se relaciona con conceptos de la tradición chamánica como el nahual y el tonal, que menciona al hablar de los distintos estados de conciencia. El espectador se encuentra así ante una imagen que no pretende ofrecer una lectura única, sino abrir un espacio de interpretación.

El arte como puerta hacia el interior

En la conversación, la reflexión estética termina convirtiéndose en una pregunta sobre la propia condición humana. ¿Nos quedamos atrapados en lo aparente o somos capaces de buscar aquello que se encuentra más allá de la superficie?

Para Moreno, el arte puede funcionar como una invitación a dar ese paso. Una pintura, una canción o una representación escénica pueden despertar una inquietud que ya estaba dentro de nosotros, aunque todavía no supiéramos reconocerla. De ahí su interés por construir puentes entre la mitología, la mística, la música y las artes visuales. No se trata de separar estos mundos, sino de descubrir lo que sucede cuando se encuentran.

En el MEAM, esa mirada invita a acercarse a la obra de Sal Moreno sin conformarse con lo que aparece a primera vista. Porque, detrás de sus contrastes, sus figuras y sus referencias culturales, hay una búsqueda constante: encontrar una forma artística capaz de conectar el mundo exterior con ese territorio íntimo, misterioso y compartido que todos llevamos dentro.

La vieja cocina del arte

Detrás de la precisión casi fotográfica de sus pinturas hay también una relación profunda con los materiales y las técnicas tradicionales. Moreno trabaja principalmente con temple al huevo, una práctica pictórica antigua que él describe como «la vieja cocina del arte».

El procedimiento tradicional parte de una mezcla de yema de huevo y agua, que actúa como aglutinante y se combina con pigmentos para obtener la pintura. La composición puede variar según la receta y los materiales empleados. En el método que describe el artista aparecen también resinas y otros ingredientes, así como la cola de conejo, utilizada tradicionalmente para preparar determinados soportes y capas de imprimación.

No se trata de una técnica sencilla ni rápida en todas sus fases. La preparación de los materiales y de la superficie requiere tiempo, precisión y conocimiento. Además, el temple al huevo seca con relativa rapidez, por lo que exige trabajar con cuidado y controlar la aplicación de las capas. La superposición de capas finas y translúcidas puede contribuir a la profundidad visual de la obra, aunque el resultado depende de los pigmentos, el aglutinante y el procedimiento utilizado.

Moreno explica que emplea también blanco de plomo en algunas de sus obras. Este pigmento fue apreciado históricamente por sus propiedades pictóricas, pero contiene plomo y es altamente tóxico, por lo que su manipulación exige precauciones estrictas para evitar la inhalación o ingestión del material. La preparación artesanal de la pintura y el conocimiento de los materiales forman parte de un proceso laborioso que contrasta con la comodidad de muchos productos pictóricos modernos, preparados industrialmente.

Sin embargo, para Moreno, el resultado justifica el esfuerzo. La superposición de capas, la calidad de los pigmentos y el control de los contrastes le permiten construir volúmenes, transparencias y sombras de una precisión extraordinaria. Sus figuras parecen emerger del lienzo, como si la luz no estuviera únicamente representada, sino contenida dentro de la propia materia pictórica.

El umbral: un viaje entre mundos

La exposición que presenta en el MEAM se titula El umbral, nombre que en francés aparece como Le passage. La selección reúne once obras que representan diferentes facetas de su universo: paisajes, escenas rituales, figuras mitológicas y composiciones en las que la luz y la sombra adquieren una dimensión simbólica.

El título remite a ese espacio de transición que aparece una y otra vez en su discurso. Un umbral es el punto en el que dejamos atrás un lugar sin haber llegado todavía al siguiente. En la obra de Moreno, esa imagen se amplía hasta convertirse en una metáfora de los cambios de conciencia, de la exploración interior y del tránsito entre lo material y lo espiritual.

La exposición también es el resultado de un recorrido físico. Antes de llegar a Barcelona, la muestra pasó por París y, tras su presentación en el MEAM, tiene previsto continuar hacia Praga y Viena antes de regresar a México. El proyecto forma parte de una gira que el artista ha impulsado combinando patrocinios, posibles ingresos por la venta de obras y recursos propios.

Su llegada al museo barcelonés se fue gestando después de una experiencia expositiva anterior en Europa. El año previo, una de sus pinturas había participado en una muestra colectiva vinculada a una colección de cráneos, presentada en Barcelona y Aveiro. A partir de aquel contacto surgió la posibilidad de organizar una exposición individual.

La selección actual es más reducida de lo que Moreno habría deseado. Algunas piezas, por sus grandes dimensiones, no podían viajar; otras fueron terminadas durante el propio proceso de preparación de la gira. Pero la intención era ofrecer una visión suficientemente amplia de su trabajo, sin limitarse a un único tema o procedimiento.

El traslado y el montaje también han exigido un esfuerzo considerable. En esta ocasión, Moreno ha viajado solo, ha transportado personalmente parte de las obras y ha tenido que retocar algunas pinturas que sufrieron daños durante el trayecto. La experiencia, lejos de quedarse en una cuestión logística, ha terminado adquiriendo un significado personal.

«Yo decía: el arte es una misión», recuerda. Al principio, se refería a la misión de llevar su trabajo a otros públicos y defender la posibilidad de que sus obras fueran conocidas más allá de México. Pero, durante los preparativos, esa idea empezó a transformarse.

«Estoy encontrando una misión conmigo mismo», explica. El esfuerzo le ha permitido reconocer una fortaleza interior que quizá no habría descubierto en otras circunstancias. Como el acero sometido al fuego para adquirir resistencia, el artista siente que el viaje también lo está transformando.

Una misión que también transforma al artista

Al final de la conversación, cuando le pregunto si hay algo que le gustaría añadir, Moreno regresa a la idea de la misión. Durante meses, la preparación de la exposición había implicado trámites, comunicaciones, gestiones y decisiones prácticas. Después llegaron los desplazamientos, el transporte de las obras, el montaje y los imprevistos.

En medio de ese proceso, comprendió que llevar sus pinturas a Europa no era únicamente una manera de dar a conocer su trabajo. También era una prueba personal, una oportunidad de fortalecer su espíritu a través de la experiencia.

Quizá esa sea una de las claves para acercarse a El umbral. Sus obras hablan de figuras que atraviesan cavernas, de corazones que iluminan la oscuridad, de dioses antiguos y de presencias que se sitúan entre lo visible y lo invisible. Pero el propio artista también atraviesa su umbral: el que separa la intención de la experiencia, el proyecto de su realización y la búsqueda artística de la transformación interior.

En el MEAM, Sal Moreno invita al público a cruzar ese límite sin imponerle una dirección. Cada espectador encontrará su propia entrada, su propio lenguaje y, quizá, una luz diferente.

Porque, en su universo, el arte no consiste en eliminar la oscuridad ni en ofrecer respuestas definitivas. Consiste en aprender a mirar dentro de ella, reconocer lo que nos une y descubrir qué puede comenzar cuando nos atrevemos a cruzar al otro lado.

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