Texto – Redacción.
Hay viajes que empiezan con un destino claro y terminan llevándonos a un lugar completamente distinto. Eso es lo que le ocurre a Abel cuando recibe una llamada inesperada: su abuela se está muriendo. Lleva tiempo alejado de su familia y del lugar en el que creció, pero decide coger un tren para intentar llegar a tiempo y despedirse de ella.

Después del éxito de Por si las voces vuelven y Detrás del ruido, Ángel Martín se adentra por primera vez en la novela con El día que lo fuimos todo, una historia tan divertida como emocionante sobre la pérdida, la familia, el amor, la soledad y el inevitable paso del tiempo. Narrada en primera persona y con el humor, la ironía y la mordacidad característicos del autor, la novela amplía el universo con el que ya ha conquistado a más de 700.000 lectores.
Un viaje hacia todo aquello que creíamos haber dejado atrás
«Somos un collage basado en las pistas que otros nos dan acerca de cómo nos ven».
Mientras el tren avanza, Abel habla por teléfono con su madre, recibe noticias sobre el estado de salud de su abuela y observa a los pasajeros que viajan a su alrededor. Cada encuentro y cada pequeño incidente despiertan recuerdos de su infancia, de sus relaciones sentimentales y familiares y de algunas heridas que parecían olvidadas.
Entre esos encuentros destaca Antonio, el desconocido que viaja sentado a su lado y que comparte con él la historia de su mujer fallecida. Una conversación que llevará a Abel a mirar de otra manera el amor, la ausencia y la posibilidad de seguir adelante cuando alguien a quien queremos ya no está.
El trayecto se convierte así en una metáfora del paso del tiempo y en una reflexión sobre quiénes somos, quiénes hemos creído ser y cuánto de nuestra identidad se construye a través de los demás. A medida que se acerca a su destino, Abel tendrá que revisar recuerdos que quizá no sucedieron exactamente como cree, afectos que no supo cuidar y una parte de sí mismo que llevaba demasiado tiempo intentando dejar atrás.
Humor y melancolía para hablar de lo que nos pasa a todos
A pesar de abordar la muerte, la soledad o las heridas familiares, El día que lo fuimos todo está atravesada por el humor. Ángel Martín utiliza su mirada irónica, lúcida y profundamente humana para convertir las situaciones cotidianas del viaje en escenas hilarantes y reconocibles, evitando que su protagonista quede atrapado en la tristeza.
Porque Abel es un tipo solitario, observador y bastante apagasueños, capaz de encontrarle una pega prácticamente a todo. A través de su mirada, la novela habla también de la dificultad de relacionarnos, del amor, de la pérdida de la inocencia y de cómo la tecnología ha transformado nuestra manera de conectar con los demás.
Tan liviana como profunda, El día que lo fuimos todo es una historia sobre aquello que escapa a nuestro control: las personas que se van, los recuerdos que cambian con nosotros y esos momentos inesperados que pueden obligarnos a mirar atrás para entender quiénes somos ahora.

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