Texto – Albert Roca. Fotografías – Albert Roca- Archivo Emel Mathlouthi.
La cantante tunecina Emel presenta mañana miércoles en la Sala Upload, su último disco, “MRA” (2024), que la presenta como una prima árabe de Björk. Considerada la voz de la Primavera Árabe y de la Revolución del Jazmín, no tiene miedo a romper esquemas ni expresarse con claridad y valentía, y con orgullo, sobre los derechos sociales y la dignidad.

En primer lugar. ¿Cómo te sentiste al principio de tu trayectoria? ¿Te marcó ser tan libre en cuanto a tus ideas?
Sentía que no captaban la esencia de mi proyecto, que era revolucionario y muy experimental. Pero luego, después de la COVID, me di cuenta que no había muchos artistas que se pronunciaran abiertamente sobre política. Que fueran suficientemente valientes para hablar de política y temas sociales, y que se preocuparan por los derechos humanos en su música y en su arte. Me sentía plenamente orgullosa de lo que estaba haciendo. Y es mi fortaleza no mi frustración y no me importa lo que piensen de mí en Occidente.

¿Cómo ha evolucionado tu música, desde el folk político de tus inicios hasta la actualidad?
Mi trabajo siempre ha sido muy vanguardista y alternativo. El folk es sin duda una de mis inspiraciones y de las primeras influencias en mi música. Pero creo que desde mi primer álbum ya existía el eclecticismo, ya mezclaba elementos electrónicos con orquestales y música árabe. Así que, simplemente he continuado evolucionando. El cambio más importante ha sido de ser muy creativa y tímida a sentirme más segura de mi proyecto. No me acobardo ante las ideas, ante mi visión audaz, para ser una de las primeras artistas árabes en presentar al mundo una versión de la música árabe, que va más allá de una sola cosa.
¿Crees que la música puede ser un espacio de reconciliación de la fe?
Por supuesto, la música es el mejor lugar para la reconciliación y la paz, porque construye un puente instantáneo entre las personas, porque expone lo mejor del ser humano. Es un lugar donde, básicamente, no hay diferencias.
A pesar de tantas guerras y tantos problemas ¿Tienes esperanza en la humanidad?
Cuanto más envejecemos, menos optimistas nos volvemos porque nos damos cuenta de que hay problemas más grandes que nosotros mismos. Y especialmente como mujer, me doy cuenta de que el mundo no es un espacio seguro para nosotras. Es muy difícil para las mujeres existir, compartir y reclamar un lugar donde puedan tener opiniones y liderar el mundo. Así que creo que la única esperanza que tengo es una revolución femenina. Es decir, que las mujeres finalmente puedan tomar el control del mundo. Y tal vez podamos tener esperanza de paz.

¿Cuál sería tu estilo musical preferido?
Para mí, la música tiene que ser diversa. Me encanta mezclar elementos orquestales con sonidos electrónicos, con paisajes sonoros dramáticos, ritmos revolucionarios y un groove potente. No concibo presentar algo menos diverso. Así que no creo que haya una sola palabra que lo defina. No la encuentro.
Tu álbum más reciente, «MRA», ¿es el más especial y con mayor carga política?
No creo que sea el más político. Todos mis álbumes tienen una gran carga política y abordan temas como la humanidad, la justicia social y la naturaleza. Pero creo que este álbum es quizás un poco más directo que otros. Musicalmente hablando, por su estructura particular, es un álbum un poco más abierto al pop y rítmicamente más intenso.

¿El dolor es una fuente de inspiración para crear canciones?
Por supuesto, el dolor es una parte muy importante de ser artista. Como artistas, tenemos una sensibilidad extra que nos hace más sensibles al dolor del mundo. Al menos en mi caso. Así que creo que lo tengo fácil. Me resulta más fácil experimentar la tristeza, el dolor y la melancolía. Incluso si consideramos el contexto social y lo que el mundo está viviendo, creo que es hermoso que los artistas expresen su propio dolor. Porque, al mismo tiempo, también expresan el dolor del mundo. Cuando eres oyente, también necesitas un espacio musical. No puedes escuchar solo música alegre todo el tiempo, es parte de un ciclo saludable. Experimentas el dolor y luego la alegría. De este modo el ciclo continúa, permitiéndote diferenciar entre los distintos estados.

«Emel» es tu nuevo disco. ¿Tiene algún significado la corona que llevas en la portada?
Sí, lo pensé hace un rato, porque estaba viendo la coronación de Miss Universo. Me doy cuenta de que, como mujer, me alegra mucho coronarme a mí misma. Creo que es muy importante para los seres humanos sentirnos importantes de vez en cuando porque, sobre todo como artista y como artista mujer, hay muchas cosas que tienden a hacernos sentir pequeñas. Necesitamos sentirnos importantes para tener confianza, para expresarnos, para existir en el mundo y para crear. Esa corona es una forma de manifestar mi posición, de manera metafórica.

Finalmente, ¿Estas muy motivada de actuar de nuevo en Barcelona?
Me atrae mucho Barcelona porque es un lugar donde la gente sufrió y donde todavía luchan por reivindicar su identidad y su lenguaje cultural. Es un lugar donde se producen y siguen produciéndose algunos movimientos sociales. Y me parece importante. Me gusta actuar en lugares donde la gente se enorgullece de reivindicar su diferencia y su diversidad.

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