Texto – Redacción. Fotografías – Xavi Gordo.
En su número de junio, ELLE comparte ‘shooting’ y conversación con la filántropa Alejandra Gere (A Coruña, 1994), que tras un tiempo residiendo en España con su marido, el actor Richard Gere, y sus hijos, ha regresado a EE. UU. La suya es una historia marcada por la conciencia social y un profundo vínculo con la naturaleza, valores que han guiado su trayectoria personal y profesional. «Cuando tenía nueve años me recuerdo corriendo por el patio del colegio, imaginando que era una superheroína con su capa. Quería proteger a personas en peligro, especialmente a los niños», recuerda. «Ya entonces tenía la necesidad de cuidar, defender y detectar quién podía necesitar mi ayuda». Hoy, ese impulso se ha transformado en un compromiso tangible con diversas causas sociales y medioambientales.

Convencida de que la educación resulta clave para generar una transformación real, subraya la importancia de transmitir valores sólidos a las nuevas generaciones. «Educar a nuestros niños con estos principios es una de las formas más poderosas de cambiar el mundo», afirma. Este enfoque se refleja tanto en su vida familiar como en su implicación en iniciativas como el proyecto Sierra a Mar en México o su labor como embajadora de la fundación Hogar Sí, donde trabaja activamente para combatir el sinhogarismo.
Su visión de la sostenibilidad va más allá de las prácticas habituales y apuesta por una conexión integral entre el ser humano y la naturaleza. En este sentido, el proyecto Sierra a Mar, que el matrimonio Gere desarrolla en Costalegre (Jalisco), se presenta como un planteamiento pionero de regeneración ambiental y social. «Queremos proteger su biodiversidad y compartir un modelo replicable en otros lugares del mundo», explica. Paralelamente, a través de la Fundación Xala, impulsa programas que fomentan el liderazgo femenino y el desarrollo comunitario: «Cuando una mujer cree en sí misma, sus hijos también aprenden autoestima, su familia se mueve y la comunidad se transforma. El liderazgo femenino, tan silencioso y fuerte a la vez, tiene un poder inmenso».

En el plano personal, reivindica una vida guiada por la intuición, el amor y la presencia. Su relación con el actor de Oficial y caballero, con quien comparte 12 años de vida, dos hijos y muchos valores, forma parte de ese camino que desafía convenciones. «El amor para mí hacer que la otra persona resplandezca. No poseer ni controlar, sino acompañar. Richard tiene la capacidad de hacerme sentir vista, apoyada y querida».
Fiel a su filosofía, concluye nuestro encuentro con una invitación a actuar con mayor conciencia: «Vivir en el presente es algo a lo que aspiro cada día. Si todos lo hiciéramos, habría menos miedo, menos prisa y más humanidad».

EXTRACTOS DE LA ENTREVISTA
- «He aprendido que los sueños necesitan de una dosis de valentía, que a veces el camino que tiene más sentido para tu alma no es el que los demás entienden primero».
- «La sociedad se mide por cómo socorre a las personas más vulnerables. No se trata únicamente de proporcionar una cama o comida, sino de devolverles la dignidad».
- «Richard y yo quizás nos encontramos cuando tenía que ser, en una etapa en la que los dos estábamos preparados para reconocer ese amor. Pero tenemos un trato… en la próxima vida, vamos a coincidir más cercanos en edad (risas)».
- «Desde fuera, mi relación puede parecer difícil de comprender por eso, pero pienso que a todos, en un momento de nuestra existencia, nos puede tocar vivir una historia que no encaje en lo previsto y que no siga el guion tradicional. Si alguien pudiera vernos en la intimidad, en casa, con nuestros hijos, entendería que lo que hay es mucho amor, respeto, ternura y una familia maravillosa que hemos construido juntos».
- «Si no nos ocupamos del presente no podemos hablar de futuro, y el presente no se puede cuidar si vivimos desconectados de la tierra».
- «El amor no siempre llega en la forma que uno se imagina. A veces irrumpe de una manera inesperada, pero cuando es real se reconoce, porque te da paz, te cuida y te permite crecer, y también por la familia que surge de ese sentimiento».

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