Texto – Albert Roca. Fotografías – Marina Luna-Daniel Dicenta.
El Teatre Goya acoge hasta el 24 de mayo la obra «Camino a la Meca»: una història sobre la libertad y el derecho a vivir la vida como cada uno desee. La obra cuenta con un eleneco excepcional, con Lola Herrera, su hija Natalia Dicenta y Carlos Olalla. Una obra muy emocional que pone el público en pie.

En Camino a la Meca se puede decir que hay la conjunción perfecta, en cuanto al texto, y los actores
Se dan diferentes circunstancias. Por un lado, está el maravilloso autor Athol Fugard, que escribió «Camino a la Meca» y que me parece que es una obra espléndida, que nos trajo Claudio Tolcachir, nuestro maravilloso e ínclito director. La puso encima de la mesa. Claudio quería trabajar con Lola Herrera. Yo ya había trabajado con Claudio, en sus cursos como alumna. Cuando terminé, dije ¡oh, Dios mío!, Ojalá fuera real poder estar a sus órdenes como director ya de una manera profesional. Luego Lola y yo hacía más de 20 años que no trabajábamos juntas y estábamos buscando un vehículo que nos juntara de nuevo en el escenario.
Entonces todo se juntó: el deseo mío de trabajar con Claudio, el deseo de Lola y Natalia de trabajar juntas, el deseo de Claudio de trabajar con nosotras y nuestro maravilloso autor y Pentación Espectáculos con Jesús Cimarro en la producción, y el fantástico actor Carlos Olalla. Y aquí estamos.
La obra trata de diferentes temas, como la amistad
Athol Fugard escribió una obra para mujeres. Entre los personajes de Helen Martins, que interpreta Lola, y el de Elsa Barlow, que interpreto yo, hay una amistad bellísima, intergeneracional. La una es refugio y soporte de la otra. Hay el desafío para que la otra dé los pasos que tiene que dar. Es una relación de amistad, de sororidad entre mujeres bellísima.

Otro tema importante es la elección…
A través del personaje de Helen Martins vemos cuestiones fundamentales como la libertad de elección. Tomar la decisión de cómo quieres vivir tu vida en los años finales de tu vida y, sobre todo, cómo quieres incluso dejar de vivirla. La obra dignifica a las personas mayores, su derecho a elegir y su libertad. En el caso de Helen, además está la libertad creativa.
Athol Fugard, el autor, nos cuenta esta reacción a través del personaje que interpreta Carlos Olalla, que es el pastor Marius. Piensa que la iglesia tenía muchísima influencia en aquellos años de pleno apartheid, que es donde está situada la obra en Sudáfrica. A través de esa influencia de la iglesia, de ese personaje reaccionario, racista, xenófobo y pro-apartheid que representa el personaje de Carlos Olalla, que es el pastor Marius, vemos cómo él intenta, reordenar entre comillas la vida de esta mujer, porque es una mujer que se sale de lo previsto. En esa sociedad tan pacata y tan pequeña y tan tradicional, se sale de lo previsto: es artista, crea, tiene visiones, crea aristas en la vida. Allí nadie tiene aristas, todo es muy cuadriculado. Esta mujer se ha salido de la cuadrícula. Entonces ese personaje del pastor intenta desdeque ella esté en una vida convencional y arregladita y ordenadita. Y entonces va a aparecer Elsa como ayuda y rescate de Helen.
¿Y que le impulsa tu personaje a Helen?
Soy como un acicate. “Si tú no puedes, tienes que hablar con este hombre, tienes que tomar tus propias decisiones. Nadie puede decidir por ti. Tú eres la que tiene que hacerlo, pero sabes en el fondo lo que quieres en tu vida, aunque te sientas un poco acogotada por esta sociedad que se te viene encima. Le pongo las cosas muy claras y la desafío para que ella tome sus propias decisiones. Por eso es una amistad bellísima.

Otro aspecto de la obra es la soledad
La elección de la soledad, tanto en el personaje de Helen como en el personaje de Elsa, cuando tomas tus propias decisiones y te conviertes en un ser libre. Es muy posible que dejes a mucha gente por el camino y lo hagas sola. Pero es una soledad elegida y libre.
Afrontar la libertad…
Si la sociedad te acogota mucho, te marca líneas, sobre todo en una sociedad, tan pacata y tradicionalista como la que representamos en «Camino a la Meca». Pero al final está la luz, que es una palabra importante como la del desafío.
¿Es importante que obras como “Camino a la Meca” lleguen a muchos lugares con la gira?
Para mí el teatro tiene que ser y tiene que llegar. El mensaje que tú lances desde escena tiene que llegar a cuantos más lugares y más personas mejor. Llevamos ya un año y pico de gira. Ahora estamos haciendo esta temporada en Barcelona de mes y medio maravillosa. Es fantástico llegar a cualquier rincón y contar tu historia y notar la respuesta hermosa de la gente.
También es verdad que cuando el teatro provoca, y te hace preguntarte cosas, a la gente le gusta verlo. Yo creo que esa es la misión del teatro. Cuando interpelas al público desde el escenario con ciertos temas, y transformas al público le haces pensar y preguntarse cosas. Somos contadores de historias: interpelemos al público para que se pregunte cosas, para que salga modificado. Ya no es la misma persona que la que entró y la que se sentó.

Volviendo al tema de la libertad. ¿En los tiempos actuales hemos de reivindicar que no se pierdan?
Luchar por mantener nuestra libertad es importantísimo. Que no perdamos esas libertades que tanto nos ha costado. Tenemos que estar muy atentos y muy atentas, sobre todo mujeres. Porque basta que vengan momentos como los que estamos viviendo ahora, en los que el fascismo está subiendo a unos niveles espectaculares, para que todas esas libertades conseguidas con el esfuerzo, incluso la vida de muchas mujeres y muchos hombres que se han quedado en el terreno, para que hoy tengamos las libertades que tenemos y las que quedan por conseguir todavía no desaparezcan. Estamos en un momento especialmente vulnerable, en el que tenemos que ser muy conscientes de lo que esas mujeres y hombres en la lucha, en el camino, consiguieron. Incluso, dando la vida para que nosotros tengamos lo que tenemos hoy, para no despistarnos.
¿La obra es optimista? ¿Nunca es tarde?
Nunca es tarde. Nunca es tarde para aprender, para reaccionar, para encontrar el sentido que tú le quieres dar a la vida. Encontrar la Meca en tu vida es encontrar el propósito de tu vida. Nos metemos en terrenos existenciales y un poco intensos. Nos pasamos la vida con tanta distracción y tanto ruido. Estamos perdidos, sin saber exactamente qué hacemos aquí, para qué hemos venido. Entonces, esa Meca de «Camino a la Meca» de Athol Fugard es encontrar el sentido, el propósito, encontrar tu verdad, tu camino por el que por fin quieres caminar. Cuando lo encuentras, te sientes plena. Hay un porqué.

¿Es único el contacto con el público?
Sí, pero hay algo que nos molesta mucho y son los móviles. Los actores estamos con todos los sentidos abiertos encima del escenario y ahí está el inevitable móvil. Hace poco que una señora incluso se le escuchó diciendo “Estoy en el teatro”. Fijate que hay avisos al principio de apagar los móviles. Es un hándicap para nuestros actores que los móviles estén sonando. ¿Podéis estar 90 minutos sin mirar el móvil, sin mirar una notificación, sin mirar? Por favor. Hay una mayoría que lo respeta, pero siempre suena algún teléfono.
¿Notabas a faltar Barcelona con el teatro?
Hacía mucho tiempo que no venía y he encontrado algunos cambios, como la gran masificación turística. Antes te podías presentar en la Casa Batlló y sacar una entrada para entrar, ahora hay que hacer una reserva con antelación. Me encanta Barcelona: es una ciudad que se puede disfrutar mucho.
¿Qué dirías a la gente para que vea Camino a la Meca?
Esta obra es una auténtica maravilla y muy necesaria hoy en día. Hay mucha emoción y mucha luz. Hay tres personajes con los que el público en un momento dado se pueden ver identificados. Hay mucha luz al final del camino. Y en cuanto a los actores, que deciros.
Está Lola Herrera, Carlos Olalla, yo misma, Natalia Dicenta, compartiendo escenario y dando la mejor emoción para que vosotras y vosotros salgáis del teatro absolutamente flotando y felices.

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