Texto – Albert Roca. Fotografías – Daniel Velasco C.- Entrevista realizada en Singular. Calle Carretas 14.
María Ramos enamoró al público con el personaje de Hamida en “Ocho apellidos marroquíes”, con su fortaleza y sensibilidad. Un personaje que le ha marcado profundamente. Un territorio en el que María se mueve como pez en el agua es en el Teatro, con diferentes personajes.

La trama de la película “Ocho apellidos marroquíes” sigue mas vigente que nunca?
Al final, por desgracia, es una temática vigente ahora y probablemente con lo que se nos avecina en un futuro cercano. Entonces es muy necesaria.
¿Y qué recuerdas de Hamida?
En 15 años que llevo en la profesión, he hecho varios personajes musulmanes, pero siempre con un rol muy cliché, de la visión que Europa y Occidente tiene del mundo árabe y los musulmanes. Y por primera vez puderepresentar a una mujer musulmana que respeta y que sigue su religión por bandera, pero también tiene unos ideales más afines con Occidente. Era una mujer empoderada que quiere liderar una empresa.
El público español y los inmigrantes que viven en España -hay muchísimos marroquíes viviendo aquí- me agradecen haber ayudado a visibilizar esa otra cara de la moneda. A penas hay personajes femeninos reales que visibilicen a este tipo de mujer, que sí existe. De hecho, toda la parte materna de mi familia son de Marruecos y mis referentes han sido mujeres empoderadas, fuertes, con una idea clara de lo que quieren para ellas y para sus hijos. Y entonces, al haberme criado un poco entre estas dos culturas, no entendía por qué en España y en Europa se tenía esa visión de las mujeres siempre supeditada al hombre. Por primera vez este personaje y esta película realmente le hace justicia a las mujeres que conozco de mi entorno de Marruecos. Sabemos que el mundo árabe y muchos países ha sufrido una involución muy grande, pero en mi caso, por como me he criado, los referentes de mujeres más afines al de Hamida que al que se intenta imponer desde otra visión más de cliché.
¿Y por qué?
Es más fácil tener clichés. Interesa que se siga perpetuando esa imagen de mujer musulmana. Desde Marruecos -soy mitad andaluza y mitad marroquí- todas las mujeres, tanto las andaluzas como las marroquíes que me rodean, son mujeres fuertes, valientes, empoderadas y con mucha decisión y voluntad de cambiar su situación.

Volviendo a Ocho Apellidos Marroquíes. ¿Qué momentos recuerdas más?
Álvaro Fernández Armero es un director muy flexible y accesible y tenía muchísima comunicación con él. Muchas de las cosas que yo le proponía, él me las compraba con gusto. Yo creo que esa comunicación tan fluida que ha habido entre él y los actores, se notó en el resultado final, con un aspecto más realista gracias a las aportaciones que hicimos los actores marroquíes.
Has hecho audiovisual pero un terreno preferido tuyo es el teatro
El teatro es mi pasión y muchas de las historias que he podido contar a través de este espacio le dan mucho sentido a mi vocación como actriz. En audiovisual, quitando Hamida y algún que otro personaje, la industria me ha situado en personajes con menor poder de decisión. Yotengo una forma de ser y una fuerza que muchas veces choca con la idea de mujer joven y bella. En el teatro he encontrado más ese espacio honesto y real, relacionado conmigo.
¿Cuándo te ves años después respecto a un trabajo anterior, como te encuentras?
Veo la vida y el trabajo desde la ternura. A día de hoy no soy tampoco la María que probablemente era hace tres años. Me siento más madura y más serena y más tranquila, pero tampoco juzgo a esa María de aquel entonces, y de si tuvo un error. Y concretamente respecto a ver de nuevo la película es un trabajo al que le tengo mucho respeto y cariño. Todo lo que sucedió estuvo en sintonía y considero que es de los proyectos audiovisuales más bonitos en los que he tenido la oportunidad de participar. Y si veo la película solo me vienen recuerdos bonitos.
En teatro has hecho varios clásicos. ¿Qué te han aportado?
Todas las tragedias griegas: Medea, Antígona, Edipo son obras que tienen una carga y una potencia y que son y serán vigentes y serán porque son pasiones que trascienden la historia de lo humano. Desde el teatro tiene una carga y una fuerza que a mí me encanta.

Hay la paradoja de que se les dice clásicos pero que tienen una vigencia moderna. ¿Verdad?
Por eso llevan tantísimos miles de años siendo contadas, porque muchas veces el ser humanono se termina de enterar. Por eso siempre es necesario volver a retomarlas y hacer versiones nuevas para seguir educando a la sociedad. Son obras que al final educan en lo social y lo emocional. Hace que entendamos mejor al ser humano, por qué hace lo que hace.
¿Eres una esponja con permanente de todo lo que has hecho?
Yo soy una esponja de la vida en general. Me encanta mi trabajo, porque es como un alma muy fuerte, transformadora y social. Entonces, si no eres esponja de la vida, no puedes dedicarte a esto.
¿Estás muy orgullosa de todo lo que has hecho?
Intento no juzgarme y no machacarme. Reconozco que he hecho cosas de las que no estoy orgullosa, pero todo es necesario y soy quien soy a día de hoy, por todo lo que he hecho, lo bueno, lo malo y lo regular. Probablemente seguiré haciendo cosas que me gusten más o que me gusten menos, porque al final es un trabajo y es un aprendizaje.
¿En El Cid te sentías como una niña, con espadas y caballos?
Fue una experiencia súper divertida porque fue lo más parecido a eso, a volver a ser pequeña y a verte en un decorado de época y cómo los compañeros luchaban con las espadas y los floretes y hacían esgrima. Lo cierto es que lo he hecho más en teatro, pero en audiovisual es distinto porque hay un mayor despliegue. Me gustaba porque era todo un juego.
¿Qué te aportó la obra El perro del teniente?
Fue una obra dura, tanto en lo personal como en lo profesional, porque en paralelo estaba viviendo un duelo familiar. Además en la obra había mucha violencia física y verbal. Entre los compañeros nos cuidamos muchísimo y nos protegíamos. Era un texto muy crudo y una puesta en escena también arriesgada. Yo salía día sí, día no, con los brazos y las piernas llenos de moratones.

¿Fue catártico de algún modo?
El teatro está vivo, ninguna función es parecida a la anterior, y como tu cuerpo es tu herramienta y tu cabeza, un día estás superbién y otro día estás más bajita por lo que sea, pero hay que dar el callo igual. Es lo mágico también del teatro, que cada día te sorprendes a ti misma haciendo lo mismo. Puedes estar de martes a domingo todos los días haciendo algo, pero siempre encuentras algo a lo que agarrarte, Y por eso también hay que estar como muy abierta, muy esponja, como me preguntabas antes, para darte cuenta de esas cositas.
Recientemente estuviste en Historia de una maestra
Ha sido un despliegue a todos los niveles, y repetía con Raquel Alarcón, con la que tengo buena sintonía. Me gusta mucho trabajar con ella porque tiene una sensibilidad y un mundo interior muy grande. Otro aliciente fue coincidir de nuevo con algunos de mis compañeros y trabajar en el Centro Dramático Nacional, en el que siempre hay un calor especial
Has estado en grandes compañías, en grandes teatros. ¿Qué valoras más?
Lo más importante es la calidad humana. Me da igual que sea una salita pequeña, que sea un Centro Dramático Nacional, siempre y cuando se trabaje desde el amor. Al final lo que queremos es contar historias para incidir de alguna manera en la conciencia del público.

¿Qué personaje te gustaría interpretar?
A mí me encanta el drama. En mi día a día soy una persona que tira mucho más a la comedia y con “Ocho apellidos…” de repente descubrí que se me puede dar bien y que me siento a gusto. Pero en general no tengo preferencia por un género, sino que haya un mensaje, que aquello que se explica pueda aportar alguna cosa.
¿Te encuentras cómoda por igual en el teatro y el audiovisual?
Son formatos diferentes, pero al final el objetivo es el mismo: contar historias. Al final te adaptas a la manera de trabajar. Por ello me gustan todos los formatos ya sea cine, teatro o televisión.
Imagínate que tienes delante de ti un director que no te conozca y que quieras presentarte. ¿Qué le dirias?
Soy María Ramos y voy a intentar dar lo mejor de mí, que es lo que siempre intento hacer, dar lo mejor de mí desde la escucha y desde el entendimiento y desde la buena intención. Además, me desenvuelvo muy bien improvisando y en diferentes escenarios.
¿Dónde te podemos ver actualmente?
Próximamente en un par de proyectos que todavía no se pueden desvelar y en paralelo en la obra Lagunas y Niebla de la Joven Compañía que habla de la Guerra Civil española, estamos de gira por toda España.

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