Texto – Albert Roca. Fotografías – Daniel Velasco C-Archivo Mehdi Regragui.- Entrevista realizada en Singular. Calle Carretas 14.
A pesar de crecer rodeado de arte —actores en la familia, una pareja vinculada al teatro— el destino de Mehdi Regragui no parecía inicialmente orientado hacia la interpretación. Sin embargo, la vida terminó llevándolo a convertirse en uno de los rostros más reconocidos del género de acción, participando en producciones internacionales y recibiendo una nominación por La Unidad. Su talento para transformarse en personajes radicalmente distintos es ya su sello personal.

Con artistas en tu familia, lo lógico habría sido que eligieras la interpretación desde el principio. ¿No fue así, verdad?
No. Ser actor es un mundo muy incierto. No dependes de ti, sino de que te llamen. Es difícil, y cualquier padre responsable te aconseja buscar antes algo más estable. Recuerdo hablar con Marian Álvarez —con la que he coincidido en varios proyectos— y que me contara que, después de ganar el Goya y la Concha de Plata por La herida, estuvo un año sin trabajar. Esta profesión es así: brillante, sí, pero llena de incertidumbre.
Y antes de ser actor querías ser… piloto.
Sí, y también médico, y abogado… y acabé siendo ingeniero. Mis padres insistieron siempre en que, por encima de todo, me asegurara una buena educación. Luego ya podría elegir mi camino. En la vida no hay que tener solo un plan B, sino también un C y un D.

¿Cómo llega finalmente la interpretación a tu vida?
Lo más importante fue quitarme el miedo y el respeto excesivo hacia la profesión. Llegué casi sin proponérmelo. Es verdad que vengo de una familia de actores —mi tía y mi tío son reconocidos intérpretes en Marruecos— y mi mujer, la actriz Mar Abascal, me insistía en que tenía madera para esto.
Descubrí que interpretando me sentía libre, sin prejuicios. Empecé a acompañar a Mar en las giras de La Llamada, y ahí me di cuenta de que ese mundo me atraía muchísimo. Pero el impulso definitivo fue la pandemia. Con todo paralizado pensé: “Ahora o nunca”. Me formé en todas las escuelas posibles, aconsejado por Nacho Guerreros, con quien hice mi primer curso.
Él incluso envió un audio a Mar —que todavía guardo— diciendo: “Mehdi tiene algo especial; le falta técnica, pero su mirada es diferente y tiene mucha inteligencia actoral”. Aquello me dio la fuerza para profesionalizarme y entrar en una agencia. Que hablara seis idiomas llamó mucho la atención y, lógicamente, me abrió puertas a producciones internacionales.

Como La Madre, con Jennifer López, o The Night Manager, junto a Olivia Colman o Hugh Laurie. ¿Impresiona un rodaje así?
Es exactamente como lo imaginas: doble de luces, dobles de DC, equipos enormes, controles milimétricos… pero sobre todo un respeto absoluto por la profesión. Comprendes que el resultado final es la suma del trabajo de maquillaje, vestuario, iluminación, arte, dirección… y que el actor es el último punto de una cadena enorme. Eso te hace valorar todavía más el oficio.
¿Quiénes han sido tus referentes?
Siempre he tenido un lema: “Tienes que mentir… y que parezca real”. Y mentir, de pequeño, se me daba bien (risas). Admiro muchísimo a actores americanos, iberoamericanos, ingleses e incluso egipcios. En España, más que un referente concreto, disfrutaba de Aquí no hay quien viva, por su humor tan inteligente. Y si tuviera que mencionar a alguien, diría que Javier Bardem.

¿En qué género te encuentras más cómodo?
En la acción. Me encanta todo lo físico, moverme, retarme. He visto muchas series de acción y todas me inspiran. Es un género que disfruto muchísimo.
Tu nominación por La Unidad fue un punto de inflexión. ¿Cómo lo viviste?
Para mí ya era un premio. Sentí que el trabajo estaba bien hecho. Dani de la Torre y Beto Marini escribieron una serie magnífica. Además, interpretar un personaje basado en algo real te obliga a ser muy preciso. Preparé el papel a fondo: incluso aprendí dos dialectos afganos para las escenas. Fue una experiencia transformadora.

Hablas de incertidumbre en la vida del actor. ¿Cómo la gestionas?
Terminas un rodaje y… ¿qué viene después? El actor vive siempre en el futuro, porque el presente ya pasó. El próximo trabajo puede tardar dos meses, tres años o no llegar nunca. Esto es una carrera de resistencia y resiliencia.
En cada casting me repito: “De cada treinta, uno saldrá”. Así que cuando hago uno digo: “29… 28… 27…”. Esa mentalidad me mantiene estable. Y tener a alguien como mi representante, Mayte Ortega, marca la diferencia: me apoya, está siempre a mi lado y sé que con ella llegarán grandes proyectos.

¿Y de hecho los tienes. En qué estás trabajando ahora?
Estoy grabando ahora la segunda temporada de la serie inglesa The Assassin, donde comparto escenas con Freddie Highmore y Keeley Hawes. Allí interpreto a un policía de Valencia, sin necesidad de explicar mi procedencia, cosa que en España aún ocurre. Es curioso: en Inglaterra soy simplemente un policía español.
También se ha estrenado la segunda temporada de Marbella, dirigida por Dani de la Torre, donde interpreto a un narco. Le dije bromeando: “Encasíllame en lo que quieras, menos en el paro”.
Y recientemente he participado en Pura Sangre disponible en Telecinco.

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