Oliver Laxe, sólo para ELLE: «¿Qué es, hoy, ser humano?»

Texto – Hearst. Fotografías – Ximena y Sergio.

En su número de marzo, ELLE entrevista al premiado director Oliver Laxe (París, 1982) para conversar con él sobre cine, ego, muerte y espiritualidad, ya que su obra y su mirada prestan especial atención a lo telúrico, lo frágil y lo invisible. «La vida no avisa: surge de golpe, te sacude y te lanza una pregunta sin margen de escape: “¿Quién eres?”», asegura. Esa pulsión atraviesa Sirât, su celebrada y premiada película que cuenta con dos nominaciones a los Oscar y 11 a los Goya. En ella dialoga con la cultura rave, no como fenómeno estético, sino como territorio humano. «Soy hijo de obreros y arrastro mucha rabia dentro; esa energía necesita una salida y bailar siempre ha sido una forma de canalizarla», explica. Entre Nietzsche –«Sólo creería en un dios que supiera bailar»– y el poeta persa Rumi –«Baila como si nadie te estuviera mirando»– se mueve una sensibilidad que huye del juicio fácil: «Quería alejarme de una lectura decadente o narcisista del movimiento y mirar el fenómeno con cierta distancia: sin romantizarlo, aunque tampoco demonizarlo».

©Ximena y Sergio

A sus 43 años, el director francoespañol vive en soledad en Vilela, una aldea de Os Ancares lucenses donde nació su familia antes de emigrar a Francia y donde también es campesino, ganadero y apicultor, cosas que aprendió de niño acompañando a su abuelo en los veranos gallegos. Todo eso da algo de sentido a la calma con la que habla y la intensidad con la que mira. Él existe a su manera, perfecta o no. «La imperfección no se disfraza: se asume. Parto de la idea de que todos estamos rotos. Vivimos en una época en la que es fácil engañarnos a nosotros mismos», señala, convencido de que vienen tiempos más inciertos: «Creo que necesitaremos saber quiénes somos de verdad. Nos falta trabajo interior; toda nuestra educación es hacia fuera».

La dimensión sagrada, constante en la vida y el trabajo de Laxe, responde en su caso a una necesidad humana. «Trascenderse es tan básico como comer o respirar», dice el cineasta, que reza a diario y concibe el éxito como una herramienta, nunca como un fin. Para él, la libertad comienza cuando se acepta la propia insignificancia y se deja de remar a contracorriente: «La cuestión no es si vamos a morir, porque todos vamos a morir, sino cómo». Mientras prepara su próximo proyecto –una llamada que lo empuja hacia el Amazonas–, mantiene viva una certeza: «Percibir que el mundo, a pesar de todo, está vivo y tiene sentido. Que todo es como tiene que ser».

La entrevista completa, en el número de marzo de ELLE, ya en quioscos.

©Ximena y Sergio

EXTRACTOS DE LA ENTREVISTA.

•                    «Estoy cansado de los juicios, no hay ningún ámbito de nuestra sociedad que esté libre de toxicidad. Debemos aprender a mirar al otro con amor y asumir que no tenemos el equilibrio que creemos tener».

•                    «No concibo la muerte como un final. Vivimos en una sociedad tanatofóbica que la ha expulsado del pensamiento, cuando en realidad la muerte ordena el sentido de lo vivo».

•                    «Hay en mí algo salvaje, radical, en el sentido etimológico de la palabra, de raíz».

•                    «Mido cerca dos metros y tengo muchísima energía, casi la de un guerrero, y durante mucho tiempo me costó asumir mi propio físico, porque en el fondo soy una persona frágil y sensible. La pista de baile ha sido para mí una práctica de desarrollo personal: un espacio donde canalizar esa fuerza, reconciliarme con mi cuerpo y aceptar quién soy».

•                    «En las sociedades occidentales vivimos como si fuéramos seres equilibrados, alimentando esa ilusión para huir de nosotros mismos, y cuando la vida nos sacude, cuando irrumpe el caos, nos encuentra desprevenidos».

•                    «Vivo frente a un bosque de castaños centenarios y siempre he imaginado morir anónimamente, cayendo al pie de uno de ellos. Volver a la raíz. Entender que no somos nada y que esa nada también es parte de todo».

•                    «El éxito profesional está bien, pero no es lo esencial. Yo necesito intimidad, cuidar y ser cuidado».

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