Texto – Hearst. Fotografías – Salva Musté.
En su número de marzo, ELLE entrevista al artista Alejandro Sanz (Madrid, 1968), que, tras 35 años de carrera y en plena gira de su nuevo disco, ¿Y ahora qué?, se presenta más en forma que nunca para seguir brillando como siendo la estrella que es. Compositor y cantante, genio y maestro, reconoce haber atravesado tiempos difíciles hasta llegar a la calma que hoy disfruta: «Me siento muy bien, conforme conmigo, tranquilo y seguro de lo que hago. Estoy en el mejor momento de mi vida», afirma. Quizás ha ayudado el viaje sin mochila que ha hecho en el documental Cuando nadie me ve, que se estrenó a finales de enero y en el que se ha sentado cara a cara frente a los picos y valles de su carrera y los episodios personales complicados de los que ha salido reforzado. «Me parecía una buena forma de echar la vista atrás y hacer un recuento. Quería ver desde dónde venimos y hacia dónde vamos».

Desde que lanzó su primer trabajo, Viviendo deprisa, en 1991, su popularidad ha crecido proporcionalmente a su talento. Ambos infinitos. Es el artista español con más Grammy Latinos de la historia, ha vendido más de 25 millones de discos en el mundo y sus canciones han llenado el corazón de varias generaciones: «Estoy muy orgulloso de lo que he conseguido. No soñaba con tanto, ha superado cualquiera de mis planes, y encima haciendo lo que me gusta. No hay secreto ni receta. Creo que mi propuesta fue algo que hasta ese momento no existía, una mezcla de pop con flamenco, con sonidos italianos y rock, y funcionó. Y esa es una de las mejores cosas que te pueden pasar en la música», confiesa.
Después de superar una época oscura marcada por la depresión, Alejandro habla sin tapujos de un proceso que ya es pasado. «A mí todo el rollo depresivo me empezó en un hotel, o sea, me di cuenta estando en uno. Los hoteles fueron uno de los elementos que me disparaban esos pensamientos y sentimientos, porque son muy ingratos cuando tienes que estar tanto tiempo solo en ellos. En el directo experimentas un subidón enorme, y luego, ¡pum!, te quedas solito ahí en una habitación. Y eso te mata», rememora antes de hablar de la solución. «Ahora lo gestiono mejor con amigos cerca. Casi siempre tengo a alguno que viaja conmigo en las giras. Si lo hubiera sabido antes, habría tenido a alguien a mi lado siempre para los bajones, para los momentos en los que no quieres estar solo y necesitas hablar. Además, hoy lo veo todo con otra perspectiva y con un poquito de cuidado, porque no quiero que me vuelva a pasar lo mismo, así que no dejo entrar determinadas cosas en mi cabeza y me tomo la música de otra forma: venimos a cantar, no a operar a corazón abierto. Pienso: “Hazlo bonito ¡y déjate de historias!”».
La entrevista completa, en el número de marzo de ELLE, ya en quioscos.

EXTRACTOS DE LA ENTREVISTA.
• «Antes se veía al artista como alguien intocable, pero cada vez se agradece más que seamos cercanos y nos abramos a los demás. De hecho, es uno de los rasgos que nos puede salvar de la parte más oscura de la inteligencia artificial: enseñar lo que hay detrás de las canciones, porque la IA puede componer un tema, pero no construir una historia previa a esa canción o la vida del artista que está tras esa letra».
• «Lo importante es que ya no sufro la persecución de antes, porque hubo una época en la que era muy molesta y dura, realmente perjudicaba mi salud. Pero, bueno, eso ya acabó».
• «Soy este Sagitario al que le encanta su soledad, mandar en su vida, llevar a cabo lo que quiere, amar mucho a su familia, hijos, amigos y hacer sentir bien a la gente».
• «Atravesé una etapa en la que me desencanté muchísimo de la música, no le encontraba sentido, porque todo giraba en torno a los algoritmos y números, y eso me agotó, me aburrió y me hizo perder el interés. Para mí escribir canciones es algo natural y eso ya no importaba».
• «Estamos en un momento muy difícil y la música es una cueva, una trinchera en la que la gente se puede refugiar. Está bien que nos alcemos y que nos volvamos a humanizar».

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