Charlotte Casiraghi, exclusiva ELLE: «El lenguaje puede convertirse en un arma»

Texto – Redacción. Fotografías – Nicolas Valois.

En el número de febrero, Charlotte Casiraghi (Mónaco, 1986) concede una profunda entrevista a ELLE en la que no se deja lugar a duda de su que su belleza va de la mano de una gran inteligencia y mayor cultura.

Hija de la mediática Carolina de Mónaco y Stefano Casiraghi y madre de dos hijos –Raphaël, fruto de su relación con el actor Gad Elmaleh, y Balthazar, de su matrimonio con el productor Dimitri Rassam (de quien se divorció en 2024)–, la aristócrata siempre ha protegido su intimidad con una elegancia poco habitual en tiempos de sobreexposición. Hoy, feliz con el novelista francés Nicolas Mathieu y lejos del foco, pone el acento en aquello que considera esencial: el pensamiento, la literatura y el diálogo cuerpo a cuerpo. «Quería explorar esa tensión entre lo que nos rompe y lo que, al mismo tiempo, se convierte en punto de entrada para la creación», asegura.

Lectora precoz y voraz ylicenciada en Filosofía por la prestigiosa Universidad de la Sorbona, acaba de lanzar su primer libro en solitario: La fêlure (La grieta). En él, huyendo de un discurso simplista sobre la resiliencia, reivindica la complejidad de la fragilidad humana y aborda la maternidad sin idealizaciones, un tema que conoce de primera mano: «Todos tenemos grietas, y sin ellas no hay relato. No se trata de glorificar el sufrimiento, sino de reconocer que, a veces, las heridas abren posibilidades de transformación».

© Nicolas Valois

En un mundo obsesionado con la perfección y la exhibición, Charlotte Casiraghi apuesta por otra forma de estar, la de optar por la opacidad, la lentitud y la vulnerabilidad manifiesta, una declaración de principios –y de amor a las ideas– que define a una mujer que ha hecho de la reflexión un gesto íntimo. Su preocupación por el presente es clara, especialmente cuando piensa en las nuevas generaciones y la creciente falta de empatía de la que se viene alertando. Y frente al dominio de la tecnología, expone una propuesta sencilla: no aceptar que la relación humana sea reemplazada por esta. «Estamos tan saturados que la realidad pierde consistencia y las palabras, peso. Incluso algo tan simple como preguntar al otro “¿cómo estás?” parece no tener sentido. En ese contexto, el arte, en especial la literatura, puede educar el corazón y afinar la sensibilidad», dice. 

© Nicolas Valois

EXTRACTOS DE LA ENTREVISTA.

•               «Las guerras y los genocidios comienzan siempre con las palabras, con pensamientos delirantes que se instalan poco a poco. Por eso cuidar el lenguaje, prestar atención a cómo lo usamos, es una forma de combatir esas ideas peligrosas que pueden desembocar en la violencia».

•               «Hay muchas razones para estar preocupados: el cambio climático, los conflictos armados… Aunque me inquieta, sobre todo si pienso en las próximas generaciones, la creciente dificultad para la empatía. Estamos expuestos a una avalancha constante de imágenes que pasan a gran velocidad por nuestra mente, y han transformado nuestra percepción de la realidad hasta provocar una especie de desrealización del sufrimiento y de la muerte».

•               «Me da esperanza la capacidad humana de pensar una cosa y su contraria. Desesperar y seguir esperando».

•               «No sé cómo resistir a este periodo en el que el poder tecnológico es inmenso, reforzado además por la inteligencia artificial y los algoritmos, y concentrado en muy pocas manos, pero intuyo que pasa por algo muy sencillo: devolverle valor al encuentro físico entre las personas. No aceptar que la relación humana se reemplace por la tecnología. Recordar que no todo puede suceder a través de una pantalla».

•               «Cuidar el lenguaje y cómo lo usamos es una forma de combatir esas ideas peligrosas que pueden desembocar en la violencia».

•               «No creo que se pueda controlar por completo lo que los demás proyectan sobre ti, en especial cuando estás expuesta. Por eso preservar la intimidad es esencial. Se pueden ofrecer destellos, pero no entregarlo todo. En el libro hay cosas inventadas, otras transformadas, ese es el juego de la literatura».

•               «La maternidad supone un cambio radical que, todavía hoy, nos afecta de manera desigual. Tener hijos implica una carga emocional y física enorme, y muchas mujeres se sienten divididas, vigiladas, incluso culpables si trabajan mucho o si reclaman un espacio propio».

•               «Las mujeres siguen siendo oprimidas de múltiples maneras. En muchos países la situación apenas ha evolucionado, son víctimas de violencia, y necesitan espacios seguros para poder expresar lo que viven. Pero hoy también es urgente escuchar a los hombres en estas cuestiones. Sólo así pueden producirse transformaciones reales». 

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑