Mika, solo en ELLE, un espíritu libre y creativo

Texto – Redacción. Fotografías – Rafa Gallar.

Para Michael Holbrook Prenniman (Beirut, 1983), conocido artísticamente como Mika, la música y el baile han sido, desde su infancia, su lenguaje, refugio y salvoconducto hacia la libertad, y así lo cuenta en las páginas del número de febrero de ELLE: «Cuando tenía tres años ya bailaba y mi madre me preguntaba qué hacía, y le respondía: “Intento captar la música”. Era la forma que tenía de ser yo mismo, dejando salir esos movimientos que surgían de manera inconsciente al escuchar las canciones. Era algo extraño. A los ocho, me expulsaron del colegio, porque no sabía leer ni escribir. Así que iba al parque por las mañanas y al volver a casa me ponía a cantar y a tocar el piano. Empecé solo y mi madre se dio cuenta de que lo hacía bien. Me apuntó a clases y practicaba cinco horas al día. Lo odiaba, porque era música clásica, pero a los seis meses ya estaba cantando en la Royal Opera House de Londres. Con nueve años, me empezaron a pagar por actuar y me fascinaba».

© Rafa Gallar

De madre libanesa y padre estadounidense, la guerra que estalló en su país natal obligó a su familia a emigrar e instalarse en París al poco de nacer él. La adaptación no fue sencilla y, pocos años después, se mudaron a Londres. Allí vivieron varios episodios familiares complicados, desde dificultades económicas a bullying en el colegio, y fue su madre la que le alentó a seguir el camino de su creatividad para garantizarse un futuro: «Nos mudábamos mucho y no nos iba bien. Eso nos causaba algunos problemas familiares, pero también nos hizo confirmar lo resistentes que éramos. Mis padres levantaban algo, lo perdían todo y lo reconstruían de nuevo. La gente hablaba de nosotros y me avergonzaba lo que podían decir, aunque en casa no afectaba nada eso, lo único que se alimentaba era la creatividad. Mis padres nos enseñaron que no importa a dónde vayas o el dinero que acumules en el banco, mientras tengas creatividad y una identidad clara, saldrás de cualquier situación adversa», explica.

Y es, precisamente, esa búsqueda de tu mejor versión, esa declaración de amor a ti mismo para poder después darlo y buscarlo en los demás y en todo lo que nos rodea, lo que marca la línea argumental de su séptimo álbum de estudio, Hyperlove, a la venta desde el 23 de enero, y gran protagonista de su Spinning Out Tour, que da el pistoletazo de salida el 6 de febrero en Francia y recorrerá Inglaterra, Bélgica, Italia, Países Bajos, Suiza y Luxemburgo hasta dar el salto en abril a Estados Unidos para actuar en las grandes ciudades del país.

La entrevista completa a Mika, en el número de febrero de ELLE, ya en quioscos.

© Rafa Gallar

EXTRACTOS DE LA ENTREVISTA.

  • «Soy imperfecto, albergo muchas inseguridades y defectos. A veces soy terco y puedo resultar algo duro. Puedo caer en la trampa del cinismo, como cualquier otra persona, pero poseo la capacidad de mantener la curiosidad y de no sentir miedo a lanzarme a situaciones en las que no tengo ni idea de lo que va a pasar, y eso es lo que me ha mantenido feliz».
  • Sobre las guerras: «Es una frustración enorme. Si miras los 25 años de guerra civil en el Líbano, ¿qué logró esa destrucción, todas esas muertes? Nada. Es importante entender que el humanitarismo no va de ideologías ni de partidos. Y es importante leer, ver las noticias, para ser consciente de lo que pasa y que nadie nos manipule. Es la única forma de ser libres y actuar en consecuencia».
  • «Madrid es mi ciudad favorita para comer sin duda. Tiene unos restaurantes increíbles. Además, es muy vivible. Me encantan la gente, la luz, el espíritu que hay…».
  • «Creo que el amor se esconde en lugares extraños, cambia de forma y de apariencia. Hay una correlación directa entre lo que consideramos el alma y el amor. Es tu identidad, la electricidad que está contenida en tu cuerpo y que es única, sólo tuya. Es lo que eres, lo que de verdad te hace feliz y la forma que eliges para vivir en la realidad que te rodea».

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