Texto – Redacción. Fotografía – Archivo de Nerea Blanco.
Vivimos con el pulgar en modo scroll y la cabeza en modo alarma: pantallas, guerras retransmitidas, miedo al futuro, cambio climático, algoritmos que deciden qué vemos y un cansancio difuso que no siempre sabemos nombrar. En ese ruido, la filosofía suele aparecer como un lujo y siempre es una asignatura pendiente, un estante intimidante, un club para iniciados. Y, sin embargo, Nerea Blanco plantea justo lo contrario: la filosofía es una caja de herramientas para entender qué nos está pasando y decidir hacia dónde queremos ir.

Una historia de la filosofía en Harley nace de una rebeldía muy concreta: dejar atrás esa historia oficial contada en modo metro (de estación en estación, de nombre en nombre) y recuperar el tejido que une las paradas… y también a quienes se quedaron fuera del mapa. Lo que propone Nerea Blanco es subirnos a una Harley y recorrer las ciudades donde las ideas nacen, se discuten y cambian de forma. La moto es una metáfora de búsqueda, pero también el método de lectura: moverse, enlazar, mirar alrededor.
En este viaje, los filósofos dejan de ser bustos aislados y aparecen en movimiento, dentro de una ciudad viva: Mileto, Atenas, Alejandría, Roma, Córdoba, Toledo, París, Berlín, Londres, Frankfurt… Escuchamos el clima político, paseamos por mercados, plazas, bibliotecas o cafés llenos de humo, y desde ahí se entiende por qué ciertas preguntas se vuelven urgentes y por qué ciertas respuestas prenden. Y, sobre todo, por qué esas preguntas siguen siendo las nuestras: qué es el mundo, quién cuenta como sujeto, qué es una vida buena, cómo organizamos la convivencia; cómo cambia todo cuando cambian la guerra, la tecnología, el trabajo o la religión.
La voz de Nerea Blanco , filósofa millennial, amante del rock y la cultura, trae un pulso cañero, reivindicativo y feminista que dialoga con el lector desde códigos compartidos: series, música, memes. No como adorno, sino como puente para que la abstracción vuelva a ser algo que se puede ver, oír y casi tararear. En paralelo, el libro asume dos urgencias: revisar el canon (¿quiénes quedaron fuera?) y pensar el presente con conceptos heredados para comprender la desigualdad, la salud mental, la crisis ecológica, el papel de la IA o el poder de las grandes corporaciones.
Quizás no necesitamos saber más, sino pensar mejor; recuperar la pausa, el juicio, la capacidad de preguntarnos por los fines y no solo por los medios. En tiempos diseñados para que no pensemos demasiado, este libro reivindica el derecho a tomarse en serio las preguntas difíciles sin perder el suelo, ni el hilo, ni la esperanza.
En este recorrido, la filosofía aparece como lo que siempre fue antes de convertirse en asignatura: una forma de orientarse cuando el mundo aprieta. Nerea Blanco enlaza la tradición con la vida contemporánea (la ansiedad colectiva, la sensación de vivir a la carrera, el ruido informativo) y muestra cómo las grandes preguntas siguen latiendo bajo nuestras rutinas digitales: qué significa vivir bien, quién decide lo que es real, qué nos hace libres cuando los algoritmos moldean lo que vemos y deseamos. Al mismo tiempo, el viaje reordena el mapa del pensamiento con una mirada feminista que no añade nombres para completar, sino que cambia el relato desde dentro: devuelve presencia a las pensadoras, ilumina los márgenes y obliga a preguntarnos qué historias hemos heredado y cuáles nos faltan para entendernos. Nerea Blanco convierte la historia de la filosofía en una ruta viva.

Nerea Blanco Marañón es licenciada en filosofía y amante del rock y la cultura. Desde que acabó la carrera no ha sabido quedarse quieta. Está al frente de Filosofers, una plataforma en la que da alas al pensamiento crítico y a las humanidades, especialmente a la filosofía desde un punto de vista muy cañero. Imparte cursos, conferencias y charlas en institutos con un objetivo muy claro: recuperar el pensamiento como forma de vida y demostrar que la filosofía puede reinventarse. Es autora de El cuaderno de filopoesía (Mueve Tu Lengua, 2018).

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