Texto – Albert Roca. Fotografías- Santi Martínez Sancho. Entrevista realizada en Cafeteria Carretas 14.
El destino a veces es bien caprichoso. Para un apasionado de la historia como Michel Tejerina, participar en tres series de época y que han podido marcar época es de las cosas curiosas que suceden. Después de dominar y adaptarse a las diarias, a Michel, al que le apasionan los caballos, le quedan algunos por delante, como un personaje en el cine y de gran calado.

¿Cómo llegas al mundo de la interpretación?
Cuando salí del colegio me di cuenta que me gustaban mucho las películas y que siempre tenía como el sueño de ¡yo quiero hacer ese papel!. Pues, al final, lo que tú quieres es ser actor. Entonces, empecé un poco a investigar en ese mundo y empecé a hacer clases con Raquel Pérez.
Y llegas a Puente Viejo…
Eso sucedió mientras hacía el curso y me entero que Eva y Yolanda estaban con el casting de Puente Viejo. Hice varias pruebas hasta que me escogieron. Me hizo una ilusión tremenda, ya que casi empezaba en el mundo de la interpretación y llegar a una díária. Entrar sin anestesia. Todo un reto ante mí.
¿Cómo era rodar una diaria?
Tenías que estar muy despierto, muy atento. Me fui adaptando muy rápido y es algo que se me da bien. Me gusta aprender constantemente.

¿Y entrar en los entresijos de la historia?
Siempre me ha gustado la historia, y era una asignatura que disfrutaba mucho en mi colegio. Siempre me gustaba ponerme en la piel de personas de otra época, que no era la mía, pues siempre me parecía interesante y investigaba un poco el contexto histórico.
¿Era un aliciente interpretar un delincuente?
Sí. Afortunadamente he tenido una adolescencia muy normal sin problemas y por eso supuso un reto ponerme en un personaje que yo sentía que estaba bastante alejado de mí. Fue divertido encontrar también cosas con las que jugar, que a lo mejor en la vida real no puedes llevar a ese extremo. Se dedicaba a robar, iba robando por los pueblos, incluso al final de la trama llegaban a secuestrar un camión blindado y mataban al cochero.

Durante una época te interesó el periodismo ¿Verdad? ¿Qué piensas de la profesión?
Estudié periodismo y comunicación audiovisual, y me saqué del doble grado. Un periodista debe siempre, como casi un filósofo, buscar la verdad aunque moleste. Y a veces la verdad puede molestar a unos, a veces puede molestar a otros. Para ser periodista tienes que tener un espíritu crítico, y también tienes que tener un punto de vista, enfocado a las editoriales y esas cosas. Lo más importante es que tengas la inquietud de conocer la verdad de las cosas, también para intentar mejorar la sociedad. para intentar hacerla más justa, más veraz.
¿El actor busca la verdad?
La interpretación es un poco ponerte en la piel de otras personas que tú no eres, para poder vivir esa vida que ellos tienen y tener, al final, otro punto de vista que te enriquece.

Volviendo a tus trabajos, ya que te gusta tanto la historia, de nuevo participaste en una serie de época en La cocinera de Castamar
Ponerme en la piel de un lacayo del siglo XVIII, en un gran palacio, es algo que no tienes oportunidad de hacer en la vida real. La disfrutamos mucho haciéndola y además con un elenco excepcional. Era una serie con una luz especial. Había planos que parecían cuadros.
Y otra serie de época, ya más reciente, La Promesa y de nuevo en una serie diaria
Hay una exigencia máxima, el ritmo es muy rápido y siempre tienes que estar despierto. Lo más complejo es que por un lado puedes trabajar el trabajo durante más tiempo pero por otro con la incertidumbre de lo que va a pasar con él, ya que ni los mismos guionistas saben a dónde puede llegar.

¿Cuál es la clave del gran éxito de La Promesa como por ejemplo ganar el Emmy?
Yo creo que el hecho de que hayamos ganado el Emmy tiene mucho que ver con que somos un gran equipo, y no me refiero solo a los actores, sino a todos los departamentos. Todos remamos a una con mucha ilusión y de este modo es cuando las cosas funcionan.
Otra faceta tuya… el doblaje, donde has hecho la voz de Fassad y otros personajes
Me gusta mucho. Es algo que creo que te da la oportunidad de hacer personajes que no harías en España. Porque la realidad es que poder hacer el personaje de Mufasa es algo que creo que solo te puedes acercar a ello a día de hoy por el doblaje. Pero tiene su parte buena y su parte mala. Su parte buena es poder hacer mucha variedad de personajes en una misma semana y la parte mala, para mí como actor, es que trabajas sobre la guía de la interpretación de otro. No tienes una libertad total.

Has hecho varias series. ¿El cuerpo te pide más cine?
He dicho muchas veces que a mí me encantaría trabajar con Rodrigo Sorogoyen, y con tantos otros directores y directoras que tenemos estupendos. Pero más que nada el hecho de tener un guión donde sabes cuando empieza el personaje y cuando termina. Es lo que tengo pendiente.
¿Ser actor te ha hecho ver las cosas de otra manera?
Ser actor me ha hecho ver la vida, ponerme más en la piel de otras personas, no prejuzgar tanto muchas veces y pararme a pensar antes de generarme una opinión sobre una persona.
Acaba la frase: ser actor es…
Una pasión y un oficio muy bonito pero muy complicado.

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