Marta Poveda “El verso clásico es la cuna del actor”

Texto – Albert Roca. Fotografías de Santi Martínez Sancho.

La actriz Marta Poveda, conocida por diferentes papeles televisivos, se ha estrenado como directora con “La francesa Laura”, un texto inédito de Lope de Vega y que se ha podido recuperar a través de la inteligencia artificial. La obra se puede ver en La Sala Cervantes del Corral Cervantes. Una obra del Siglo XVII que tiene una lectura actual con conflictos plenamente vigentes.

¿Qué es lo que tienen los clásicos que mantengan su vigencia?

Los conflictos del ser humano siempre están presentes y Lope de Vega los vio y los explicó en sus obras. En esa época las mujeres estaban más sometidas que ahora y el propio texto de La francesa Laura te permite indagar en ello.

¿Y que tiene este texto de Lope de Vega?

Tiene cerca del millar de funciones escritas y se podría decir que era como el Netflix del Siglo XVII y tan prolífico como Woody Allen. Lo que tiene este texto es que permite ahondar en las dicotomías del alma humana, en lo mano y en lo bueno, con todas sus fragilidades.

¿Cómo te sientes como directora?

Muchas cosas, sobre todo mucha responsabilidad. Y al empezar los ensayos sentí que podía partir de una herida con la que me podía identificar y sentí que podía generar complicidad con el equipo . Dirigir y atcuar es muy complejo, partiendo de la absoluta humildad y que la visión externa sea para favorecer el espectáculo. Estoy aprendiendo muchísimo de todo esto.

¿Te lo habías planteado anteriormente?

Cuando vas acumulando experiencia y sabiduría y te dedicas a las artes sientes la necesidad de contar cosas. Sientes esa pulsión. Lo tenía pendiente y el hecho que me lo ofrecieran me ha catapultado para hacerlo.

¿Qué es lo que se está encontrando el público con la obra?

Siendo una comedia es una función agridulce ya que teniendo en cuenta que es del SXVII ves que poco hemos cambiado. La obra transmite la necesidad de seguir mejorando como seres humanos, te invita a ello y eso, a día de hoy, casi es una transgresión.

Con los textos clásicos te mueves como pez en el agua. ¿Verdad?

Empecé en la Cuarta pared y Helena Pimenta me ofreció muchos protagonistas en la Compañía nacional de teatro clásico. Pienso que el verso clásico es la cuna del actor, ya que te da técnicas emocionales que me han ayudado a todo lo que he hecho posteriormente.

¿Cuándo subes a un escenario como te sientes?

Aprendes a ser un creador independiente, porque en esos momentos eres el dueño de la creación y aprendes a buscar herramientas creativas. Te permite enfrentarte a todo.

¿El teatro siempre estará presente?

Ni la inteligencia artificial ni nada parecido podrán sustituir las dos energías presentes en un teatro: el emisor y el receptor, que ha venido a pagar una entrada. El directo es insustituible porque necesitamos respirar vida.

Yendo hacia atrás. ¿Qué recuerdos tienes de La pecera de Eva?

Fue una experiencia que me dio muchas alegrías. Lo más interesante era que no estábamos sujetos a un guión. Todo estaba improvisado y por ello fue un disfrute y un gran aprendizaje.

¿Y Mercado Central?

Conocí al actual compañero de vida y tengo un gran contacto con todo el equipo. Lo que se me ha quedado de esa serie fue el rodaje en pandemia y al seguir trabajando y emitiendo los capítulos nos convertimos en una labor social. La gente se sentía acompañada por nosotros.

Y próximamente te veremos en Asuntos internos….

Es un elenco excepcional, con Laia Manzanares que la seguía de Merlí, con Silvia Abascal que es historia viva en nuestra profesión. Trabajar con ellas y las directoras ha sido un lujo.

¿Un sueño pendiente?

Me encantaría montar una compañía itinerante para llegar a todos los lugares. Pienso que todo está demasiado centralizado y me gustaría que el teatro pudiera llegar a todos los pueblos posibles y a todas las edades. Me importa mucho sobre todo la infancia y la tercera edad, que le debemos todo el legado que nos han dejado. Tenemos una enorme responsabilidad de expandir la cultura y me gustaría contribuir a ello.  

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