Carmen Prada: “Valoro mucho cuando hay libertad en una interpretación”

Texto – Albert Roca. Fotografías – Santi Martinez Sancho. Entrevista realizada en Cafe & Tapas Carretas 14.

Uno de los personajes revelación de la serie “La red púrpura”, segunda parte de la trilogía de Carmen Mola, fue el de Marina, interpretada por Carmen Prada. Un rostro que va a sonar con fuerza, con la gran preparación que tiene desde hace muchos años, y con el conocimiento humano de la vida misma, que ha recogido a través de otra de sus grandes pasiones: la pediatría.

Una persona importante en tu aprendizaje ha sido Gabriel Jañez. ¿Verdad?

Sí porque me enseñó el amor por el teatro. Además, sin haberlo pensado. Era mi profe de literatura y tenía un grupo de teatro que se llamaba Rocinante, que llevaba como muchos años inactivo, y ese año pues decidió que iba a hacerlo.Teníamos mucho feeling porque a mí, aunque fui por ciencias, me gustaba mucho, mucho, mucho la literatura.Y me dijo “vas a hacer tú esto”. Desde el primer contacto que fuicon él al teatro fue el disfrute total. Desde el hecho de que es un juego, que “piensa que este personaje es así y fíjate lo que ha vivido”.

¿Sin él hubieras escogido otro camino?

Yo creo que me lo abrió él. Cuando se jubiló me llamaron para hablar en su jubilación y luego pasó una cosa muy bonita: me hicieron una fiesta del fin de la residencia de pediatría,mi familia y mis amigos de Zamora.

Y vino él. y tengo un escrito que me lo encuadernó, me lo redactó y me lo trajo a casa. Comparaba mi vida con lo que aprendí de ese personaje que era Genoveva Altamira de La casa de los siete balcones.Era una mujer solterona que esperaba desde hace 20 años que volviese su novio de Cuba que le dijo que iba a volver y vivía en una casa en la que todos conspiraban contra ella. Entonces ya todo lo que no le gustaba, lo tachaba y seguía adelante.

Si no me gusta alguien hace daño o tal, esto está tachado y yo sigo con mi ilusión para adelante. Entonces me hacía una metáfora muy bonita,sobre la evolución de todos los años desde que nos conocimos con el personaje.

¿Qué te vino antes: ser actriz o la vocación médica?

Ser actriz. La pediatría vino más bien como una serie de decisiones que me llevaron hasta allí.
Me gustaba la ciencia, ese espíritu un poco que suena un poquito mesiánico, pero como que quieres ayudar a la gente, quieres estar ahí, tienes 18 años, quieres hacer algo que cuente, que importe, que sacas buenas notas, con lo cual también, de alguna manera, te conducen siempre a ese camino.
A mitad de carrera tuve una crisis. Le dije a mi madre “Quiero ser actriz”, y me metí en un grupo de teatro, pero no me daba tiempo porque la carrera es muy dura. Mi madre dijo que viniera para Valladolid. Acabé la carrera de Medicina y en vez de hacer el MIR me vine a Madrid,me metí en la escuela de Juan Codina, me busqué un trabajo para pagármelo todo y me puse a estudiar Interpretación.


Has hecho muchísimos cursos, como el de Meisner

Meissner me aportó para ejercitar y romper el estar realmente escuchando al otro, que es muy típico, y para abrir muchos canales emocionales. A través de conectar rápido con algo que tiene el otro que a ti te lleva a un sitio emocional y encontrar ese camino más rápido de lo normal. Pero como técnica me gusta mucho Chéjov.

¿Qué has aprendido?

Tiene muchas formas de acceder a los personajes y a la interpretación,pero se basa mucho en el imaginario. No hace falta que haya vivido ciertas situaciones o que rescate ciertos momentos de mi vida en los que experimenté esto o lo otro, sino poder entrenar un imaginario tan grande.

¿Observar te ayuda a preparar tus personajes?

Tengo, a veces, como una antena, que a veces digo, estoy con mi pareja y me dice ya,
estás mirando ya para allá, sabes lo que está pasando ahí, lo que está pasando ahí, lo que está pasando ahí. Y él igual, que también es actor, pero mola, mola, mola mucho.

¿Qué aspectos valoras más de la interpretación?

Hay personajes, gestualidades muy diversas, muchos colores, matices y altibajos. Por ello valoro mucho cuando hay libertad en una interpretación, en algo que veo,de que les han dejado a los actores realmente no estar en un naturalismo muy así, que es como que últimamente lo veo más.

¿Y de una historia?

Hace poco tuve una experiencia bastante dura, y dentro de todo el drama había momentos de que te partías de risa, de ridículos.Valoro mucho que en una historia esté presente la comedia, que existe en la vida cuando hay un drama para descomprimir.

Y es muy difícil, hay que hacer guiones muy inteligentes para conseguir eso.No necesariamente comedia negra.

¿Tu profesión de pediatría te ha ayudado a la interpretación?

Me di cuenta de una similitud muy grande y que es la que yo muchas veces estoy buscando. Es verdad que en la consulta te saturas muchísimo porque el trabajo para el público es una responsabilidad, hacer diagnóstico y tal.

Hay una similitud que para mí es muy grande: para mí la interpretación tiene lo que más me ha traído siempre es un lugar de encuentro con el otro y con la otra, un lugar de comunicación, de intercambio es lo que más, lo más importante para mí, lo que no quiero perder jamás de vista.

Y en la consulta ves cosas, como que con los niños la gente se asusta mucho, porque si viene una fiebre y se va a morir.Hay una gran vulnerabilidad. Hay un contacto con la otra persona, de querer escucharla, transmitir su mensaje, ver si le ha llegado.

En la serie La red púrpura ¿Como preparaste el personaje?

Para empezar, siempre que te enfrentas a un personaje es como una norma: no puedes juzgar a un personaje, porque estás partiendo de un mal punto de valga la redundancia, estás empezando por mal sitio.Tienes que entenderle. ¿Por qué? ¿Qué le ha pasado? ¿Por qué ha llegado hasta ahí?Y también lo que yo digo, ¿qué va a hacer con eso? ¿Qué decide hacer con eso y por qué?

En ningún momento hice un juicio a mi personaje de Marina. Creo que como que la comprendí muy rápido fue todo más fácil. Porque hay otros personajes que te vienen el juicio y dices, quítalo, quítalo, y tienes que hacer como un esfuerzo. Pero en su caso no sucedió, empaticé muy rápido.

¿Cómo la trabajaste?

Tiene esta historia de que al final es una persona anulada durante 20 años.Yo la trabajé desde sus 18 que la captan. Se queda anulada completamente, con un síndrome del Estocolmo por el personaje de Dimas brutal. Y que no ha conocido otra cosa que no sea eso.

¿Es importante que se muestren estas realidades en la literatura o la televisión?

Importante sí pero no fácil. También es duro. Tengo amigas que me han dicho que no han podido verla, en serio.Quieren verme, pero les pongo a mis partes, que no pueden, que se van a la cama muy mal y no pueden.

El mundo humano es capaz de generar amor, pero también de destrucción.A veces vemos noticias de que se ha descubierto que tal persona es un pederasta…. Eso es el mundo oscuro que hay. Justo ayer estaba con dos amigas y una amiga charlando de esto. Hablábamos un poco de las pasiones, de las pasiones del ser humano, que las queremos ocultar siempre.

Las ideologías siempre son las buenas, que nos van a llevar a ser sociedades más civilizadas, a tener estados más igualitarios, pero no tienen en cuenta las pasiones humanas.Por eso no funcionan.Y las pasiones humanas no las vamos a desprender de ellas jamás. Son las que hacen posibles las cosas más heroicas, más amorosas, más constructivas, más indescriptibles, sueños que no he pensado que el hombre podría llegar a hacer y lo peor.

¿Sufres con tus personajes?

Yo lo paso muy mal en general. Una vez le escuché una frase a Darín que me gustó para mí.Dije, yo soy todo lo feliz que se puede ser en este mundo sin mirar para otro lado. Entonces, sí, yo sufro bastante general por eso. Tengo que aprender a poner la mente en otro sitio, aprender a lloverme porque a veces veo cosas que a lo mejor me rompo. Vengo de la consulta y ya tengo una cosa que ha pasado y ya no puedo. Veo algo por la calle que me hace clic y tengo que tener un poco de cuidado. Hay que tener un poco de cuidado para evitar que me desborde.

Volviendo a la pediatría y la interpretación. ¿Cómo lo compaginas?

Es un enriquecimiento mutuo, porque de la misma manera que la vida humana te aporta a nivel interpretativo,ser actor también te abre a distancia.Se nutre mutuamente. La pediatría me ayuda a tener un mayor conocimiento humano.

Para finalizar. ¿Qué estás haciendo actualmente?

Aunque no tenga un proyecto a la vista me estoy formando constantemente, y tengo una historia en mente que quiero llevar a cabo. Hay una historia basada en algo real muy fuerte que ocurrió, que nadie le ha prestado atención y quiero darle desarrollo.

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